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lunes, 3 de junio de 2013

Esta noche I

Por Enrique Burgot.
 

Hoy recuerdo un incidente que alguna vez me ocurrió en el camino del metro Rosario o metro Politécnico de regresando a casa. Era algo tarde ya. Soy de las personas que fácilmente se pueden dormir en el transporte público, esta es una de las actividades que desde niño he ido perfeccionando: quedarme dormido en algún transporte. Me dicen mis padres que solo era necesario llevarme en auto para que todo el camino quedara dormido. No es una cuestión de confianza y créanme que si pudiera evitarlo lo haría; me refiero a quedarme dormido en el transporte público. Sí, es peligroso. 

          Continúo: Recuerdo regresar a casa tarde en un camión de esos grandes, de los que hay muchos en el Estado de México; de esos en los que a varias personas les desagrada viajar porque saltan mucho. Y he de decir, también, que asaltan mucho. También me parece que estas rutas viajan a grandes velocidades, y esto es más común a altas horas de la noche y sí, hay veces que, gracias al miedo a la velocidad a la que viajan, me agarro fuertemente del tubo más próximo, con todas mis fuerzas. 

Esa noche no era de esas que viajaba con miedo. Todavía no. Viajaba dormido, ya cerca de donde bajo. Medio desperté. Ahora debo aclarar que también, en esos camiones grandes, me gustaba viajar en los asientos de hasta atrás, de esa fila de asientos que es una sola para cuatro o seis personas, y me gustaba sentarme en medio. Esto también tiene una explicación sencilla, y es que como me duermo fácilmente, no me agradaba que me estuvieran despertando para ceder espacio para que la gente pasara a sentarse al lado, para que no perturbaran tanto mi sueño. Me quedaba dormido, ahí, en medio, con las piernas estiradas, profundamente y, como oriental, despertaba justo antes de llegar a mi destino. 

Esa noche no fue de esas. Esa noche desperté antes de llegar, antes de lo que solía despertar, porque estaba escuchando algo raro al lado de mí. Un sonido repetitivo, como de sexo. Abrí poco los ojos. Volteé a mi izquierda, de donde creía que provenía el sonido. Y vi la mirada de un hombre. El hombre me miraba. Y vi que se estaba masturbando. Me veía mientras se masturbaba. En el rincón derecho del camión, el hombre se tocaba el miembro tan frenéticamente. Y a esa hora casi no había personas en el camión. 

Hice algo indebido. Me paralicé. Cerré los ojos, intenté dormirme de nuevo, y pensar que eso no estaba ocurriendo. No pude dormir de nuevo, intenté ver de reojo para el otro lado, en dónde iba. Todavía faltaba un poco. Sí, debí haber gritado. Debí haber alzado la voz. En vez de estar ahí cinco minutos fingiendo que dormía y que no había visto al hombre. Y sin embargo antes de irme, volví a fijarme. Me levanté rápido, miré hacia él y él no dejó de hacerlo. Toqué y bajé corriendo. 

Si eso me ocurrió alguna vez, si eso me cambió de cierta manera (por ejemplo, ya no me agrada sentarme hasta atrás; prefiero que me molesten para despertarme que quedarme hasta atrás con algún tipo así), ahora me imagino un poco el mundo en el que vive una mujer. En la ciudad en la que vive una mujer. En donde todo el tiempo, las mujeres son, por decirlo de alguna manera, calificadas por la mirada de un hombre. Son escaneadas. Donde fácilmente, todos los días hay algún hombre que decide (sí, DECIDE) aprovechar de la situación tan íntima del metro, para estar manoseando a una mujer, mientras los cuerpos se empujan en el colectivo. Está es una de las razones por las cuales empezó el proyecto de la violencia de género. Sólo una experiencia de varias que después describiré.
 

lunes, 6 de mayo de 2013

La Hora de las Decisiones

Por Alicia Murillo



Son las doce, la hora de las decisiones. La primera la tomamos entre todas, nos vamos, por consenso. Mañana casi todas madrugamos, así que después de la última ronda, nos despedimos. Ahora son las doce y diez, y la hora de las decisiones aun no ha terminado. La segunda cuestión la debo resolver yo sola, taxi o paseo. Decido andar porque hoy llevo mis hombros y mis rodillas cubiertas. Además me pasan por la mente algunos sustos del pasado. Me visualizo sola, adentro de un coche, con un hombre desconocido. Al final me digo que es mejor pasear acojonada que ir adentro de un coche acojonada, sobretodo porque me jode pagar 7 euros y al final voy a ir igualmente muerta de miedo. Así es para una mujer volver a casa después de pasar una noche con amigas.

Mientras camino pienso en muchas cosas, pienso en mi tozuda decisión de no ser  acompañada a casa nunca más por nadie. En los talleres de autodefensa siempre dicen que es bueno evitar las situaciones peligrosas, pero también te dicen que es bueno empoderarte y salir a la calle siendo consciente de que el espacio público también nos pertenece. No sé si ambas cosas son compatibles. Yo me hago un lío cuando las pienso a la vez. También pienso en las posibilidades de ser oída desde los balcones si grito. Y sigo tomando decisiones. Decido tomar tal calle y no tal otra, en función de la posibilidad de ser escuchada desde los balcones si algún hombre me agrede, me roba o intenta violarme. No estoy paranoica, por lo visto, es ser precavida, y, simplemente estoy en el camino a casa, una noche cualquiera, en una ciudad cualquiera. Es la vuelta a casa, después de las doce, de una mujer cualquiera.

En el camino me cruzo con otras personas. A veces tengo ganas de abrazar a las mujeres. Nuestras miradas se encuentran con complicidad, y me veo reflejada en la congestión de su expresión. Encogemos el cuerpo, las mujeres, al caminar, de noche, solas. Es como si quisiéramos disminuirnos, como si intentásemos hacernos minúsculas. Quizás por llegar a hacernos invisibles, o puede que por reducir las áreas susceptibles de agresión. En cualquier caso, nuestra expresión es ridícula, y yo quiero caminar sin contraer la musculatura de mi rostro y de mi cuerpo. Pero no puedo. No se debe estar afuera de casa después de las doce, porque el lobo se come a caperucita, y porque los zapatos de cristal, esos que siempre imaginé tan incómodos para bailar con un príncipe, se pierden. Pero yo ya quiero enfrentarme al lobo. Y voy tomando voluntariamente las decisiones que creo más equivocadas.

Busco las calles más oscuras, el camino más largo, el más solitario. Quiero experimentar la sensación de pasear por la ciudad después de las doce, sin tomar ni una sola decisión que obedezca a la prudencia., al miedo. Quiero saber qué siente un hombre después de las doce, cómo camina por la vía pública alguien con un pene entre las piernas, quiero comprender qué es eso que el falo ofrece, qué valor oculto me hicieron enterrar a base de cuentos de hadas. Quiero entender qué es vivir sin miedo.

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Hoy comparto este texto, este pequeño monólogo. ¿Qué les pareció?

Enrique Burgot
 

lunes, 29 de abril de 2013

Violencia de género: Acción 4


A través de nuestro proceso hemos generado no sólo una propuesta artística, sino que cada uno, ha generado una biografía ficcional para su performancero, se han hecho una “auto-entrevista” para ir asentando partes de la acción, algo así se empieza a formar:
 

Semblanza:

Desde niño me han encantado, me han impresionado y me han enamorado.

De las mujeres, desde que las veía en mi salón de la primaria (no las veía como niñas, eran mujeres de mi edad) me enganchaban sus caras bonitas, pero sabía que esas caras bonitas se acabarían. Veía las caras de sus madres, feas ellas, y dejaban de gustarme esas caras bonitas de mis compañeras.

Cuando me cacharon asomándome por la ventana del baño me dio mucho coraje, nadie lo debía de saber, sólo quería enterarme de qué había aparte de esas caras bonitas, que ya no me atraían.

Había un sueño recurrente en mi niñez: un hombre barbado, fuerte, se robaba a una mujer en un bosque, la llevaba a su cabaña y ahí la ataba, le desnudaba el pecho y se lo tocaba, después con una navaja hería ligeramente sus pezones, ¿habré sido ese hombre barbado yo?

Aquel primo lejano me lo dijo más de una vez, el amor es una pendejada, mira a ese wey que dice que hay que respetarlas, está solo, yo ya me agarré a dos. Entonces recordé esa canción, Linda, se la había compuesto a cada una de esas mujeres que me habían encantado, impresionado y enamorado. Nunca escucharon esa canción, no lo sé, a lo mejor no eran dignas, me di cuenta de que no eran tan “lindas”.

Entonces llegó ella, una mujer bonita a mi vida, pero eso ya no era importante, su cuerpo no era el de aquella mujer del bosque, aún la sigo odiando.

Siempre me han impresionado las imágenes pornográficas fuertes, ellas no son bonitas, tal vez no son mujeres, un torso desnudo entre sogas.

Después llegó ella, me recordaba a la mujer del bosque, pero también muchas otras mujeres me recordaban a la mujer del bosque, una vez que las tenía en mis manos --y no encontraba a esa mujer--, me retiraba de sus vidas sin mediar palabra alguna.

Cuando conocí a la última reconocí rápidamente el torso, esa parte de ella me encantó, impresionó y obsesionó.

En ocasiones cuando estoy solo con la ansiedad de no tener ese torso, esa parte del cuerpo cerca de mí en ese preciso momento, antes de empezar a enloquecer, me pongo a imaginar a aquella mujer que vi en el transporte público o en cualquier lugar, cómo minuciosamente la podría secuestrar y llevar a mi cabaña, para desnudarle el pecho y tocarlo, después con una navaja, herir ligeramente sus pezones.

Entrevista:

Él: ¿Cómo te llamas?
Ella: María, ¿y tú?
Él: Juan, disculpa que te moleste pero me parece que eres muy bonita y no pude resistir no hablarte y dejar pasar la oportunidad tan solo de conocerte.
Ella: No te preocupes.
Él: ¿Cómo ves si vamos a un lugar con menos ruido, para poder escuchar tu linda voz?
Ella sonrió, por un instante lo pensó y después asintió con la cabeza.
Ella: Está bien, únicamente porque me caíste bien, parece que eres un chavo lindo.
Rieron y salieron del lugar.
En la parte de atrás del auto de él, comenzaron a besarse. El bajó la mano y trató de tocar su pecho, ella lo detuvo.
Él: ¿No te gusta?
Ella: No.
Él aprovechó esa distracción para agarrar con fuerza las dos manos de ella, y con la que le quedaba libre desnudó su pecho y lo empezó a tocar fuertemente.

Acción:

En muchas ocasiones, en la música comercial, una aparente balada o canción de “amor” trae tintes misóginos, machistas y violentos, pero están tan disfrazados en melodías pegajosas y ritmos atractivos que las letras quedan rezagadas, y la canción logra su cometido, materializar a la mujer. Tal y como sucede con esa aparente normalidad del hombre agresor, ese caballerismo que oculta otros objetivos y una historia de vida aparentemente normal, que en su momento desatará a un agresor.

Instructivo de acción:

Los contrastes, una armonía bella, una melodía pegajosa, unos ritmos bailables, contra una música tosca, violenta y totalmente desagradable al oído. Generando de una manera musical el pensamiento hipócrita del violentador, su materialidad y su disfraz lleno de sus más profundas perversiones.

Esto viene de un miembro del equipo creativo, ¿qué opinan?

Enrique Burgot

lunes, 15 de abril de 2013

Violencia de género: Acción 3



Recapitulando, con motivo de una producción alternativa de cultura, hemos estado realizando experimentos escénicos e investigaciones alrededor del tema de la violencia de género. Más enfocados en esta segunda etapa, en la generación de acciones por parte de cada uno de los integrantes del grupo. La siguiente acción es parte de la exploración de uno de nosotros:

En muchas ocasiones, en la música comercial una aparente balada o canción de “amor” trae tintes misóginos, machistas y violentos, pero están tan disfrazados en melodías pegajosas y ritmos atractivos que las letras quedan rezagadas y la canción logra su cometido: materializar a la mujer.

Tal y como sucede con esa aparente normalidad del hombre agresor, ese caballerismo que oculta otros objetivos tras una historia de vida aparentemente normal;  en su momento desatará en agresión.

Los contrastes, una armonía bella, una melodía pegajosa, unos ritmos bailables; contra una música tosca, violenta y totalmente desagradable al oído.

Generando de una manera musical, el pensamiento hipócrita del agresor, su materialidad y su disfraz repleto de sus más profundas perversiones.

¿Qué opinan?

Enrique Burgot

lunes, 1 de abril de 2013

Violencia de género: Acción 2



En el siguiente nivel de mi proyecto todos debemos generar una propuesta de acción. Un performance, que refleje nuestras preocupaciones, que ponga a prueba hipótesis de respuestas a preguntas que nos hacemos cada uno. Por lo tanto expondré aquí las acciones, como la semana pasada.

Siguiente acción rápida.

Entramos una bola de personas a una habitación.

En la habitación está un hombre, vestido de negro.

La habitación casi vacía, un cuadro rojo en frente del público. Tres focos, colgando. Una que ilumina el cuadro, una que ilumina al hombre y otra que ilumina una mesa.

Una a una pasa la gente a un cuadro rojo en el suelo, iluminado por se respectiva bombilla que cuelga.

Cada vez que la persona se para en el cuadro rojo se reproduce una grabación:

“Sobre esta mesa hay varios objetos, elige uno.”

La persona sobre el cuadro rojo pasa a la mesa y toma uno. Regresa al cuadro rojo y sigue la grabación.

“Con ese objeto puedes hacerme cualquier cosa.”

¿Qué estarías dispuesto a hacerle?

Algunas de las acciones que se han pensado son:

Pellizco, cachetadas, ponerle un bozal, arrancarle un vello, ponerle una bolsa en la cabeza.

En caso de las primeras el objeto será un papel con el nombre de la acción.

¿Se les ocurre más?

¿Qué opinan?

Enrique Burgot

lunes, 25 de marzo de 2013

Violencia de género: Acción 1

Una acción rápida.

Imaginen una mujer. Una mujer entra a un espacio, gente la mira. Esta mujer saca, de quién sabe dónde, maquillaje. Empieza a “ponerse guapa,” se cambia de ropa también. Ahora es “más atractiva”, toda arreglada.

Sale, y vuelve a entrar arrastrando una caja. Grande. Le pide a algún hombre que le ayude. Con ayuda lleva la caja al centro, da las gracias, la persona se sienta, la mujer abre la caja. Y sigue “arreglándose”. Sólo que esta vez empieza a poner artículos para protección.

Primero los artículos son livianos. Un cubre bocas, guantes de látex, ese tipo de protecciones. Cada vez son más grandes las protecciones, rodilleras, hombreras, máscara de gas. Casco. Sombrillas, etcétera, etcétera.

Ahora la mujer está cargada de protecciones. De protecciones “contra los hombres”. Llega un hombre y trata de tocarle los pechos. No puede, las hombreras lo impiden. Siguiente hombre, no la intenta tocar. Pero ella intenta abrazarlo.

Tampoco puede.

Mira al público, se acerca alguien más, no puede abrazarla, está tan llena de cosas. Se va.

Este es uno de los proyectos a desarrollar. Se necesitan comentarios y sugerencias. Se aceptan ideas, correcciones, preguntas. Todo, para poder crecer este proyecto más.

Enrique Burgot

 

 

 

 

 

lunes, 18 de marzo de 2013

Glosario de frases: Violencia de género IV


Este día: Violaciones/Agresión/Violencia/Violencia de Género/Vaccaro.

Enrique Burgot.

Sonia Vaccaro

"Si bien las violaciones de los derechos humanos nos afectan tanto a los hombres como a las mujeres, su impacto varía de acuerdo con el sexo de la víctima. Los estudios sobre la materia permiten afirmar que toda agresión perpetrada contra una mujer tiene alguna característica que permite identificarla como violencia de género. Esto significa que está directamente vinculada a la desigual distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y mujeres en nuestra sociedad, que perpetúan la desvalorización de lo femenino y su subordinación a lo masculino. Lo que diferencia a este tipo de violencia de otras formas de agresión y coerción es que el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el sólo hecho de ser mujer. La violencia de género puede adoptar diversas formas, lo que permite clasificar el delito, de acuerdo con la relación en que ésta se enmarca y el ejercicio de poder que supone, en las siguientes categorías: violación sexual e incesto, asedio sexual en el trabajo y en las instituciones de educación, violencia sexual contra mujeres detenidas o presas, actos de violencia contra las mujeres desarraigadas, tráfico de mujeres y violencia en el ámbito familiar y en las relaciones de pareja.

Cuando hablamos de Violencia, remitimos a una desigualdad de poder, a una relación asimétrica, donde las diferencias son jerárquicas. Esto es: lo que en una parte se ve como degradante, en la otra se transforma en signo de fortaleza y poder.

En este sentido, diferenciamos:
- VIOLENCIA: Toda relación asimétrica, donde una de las partes se cree superior a la otra y como tal busca el control y el sometimiento de quien/es considera inferior/es

- AGRESIVIDAD: puede ser auto agresión o heteroagresión. No existe asimetría ni desigualdad de poderes. No busca ni el control ni el sometimiento. No considera inferior a la otra parte ni se considera con privilegios superiores. La agresividad sirve para impulsar a las personas a pasar a la acción, a defenderse de un ataque, a ponerse a salvo frente al peligro.

La violencia de género es una problemática compleja, estructural, cuya existencia se funda básicamente en la desigualdad jerárquica que existe entre hombres y mujeres, desigualdad que viene construida culturalmente y que es legitimada y reproducida por las propias estructuras sociales."

“¿Por qué la violencia contra los hombres no es violencia de género?

Aunque las violaciones de los derechos humanos afectan tanto a hombres como a mujeres, su impacto varía de acuerdo con el sexo de la víctima. El 70% de las mujeres que mueren en el mundo mueran a manos de sus parejas, exparejas u hombres de su círculo familiar. El nº de muertes de hombres a manos de mujeres con esos vínculos no llega al 4%. Los estudios sobre la materia permiten afirmar que toda agresión perpetrada contra una mujer tiene alguna característica que permite identificarla como violencia de género. Esto significa que está directamente vinculada a la desigual distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y mujeres en nuestra sociedad, que perpetúan la desvalorización de lo femenino y su subordinación a lo masculino.

Lo que diferencia a este tipo de violencia de otras formas de agresión y coerción es que el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el sólo hecho de ser mujer. La violencia de género puede adoptar diversas formas, lo que permite clasificar el delito, de acuerdo con la relación en que ésta se enmarca y el ejercicio de poder que supone, en las siguientes categorías: violación sexual e incesto, asedio sexual en el trabajo y en las instituciones de educación, violencia sexual contra mujeres detenidas o presas, actos de violencia contra las mujeres desarraigadas, tráfico de mujeres y violencia en el ámbito familiar y en las relaciones de pareja.”

lunes, 11 de marzo de 2013

Glosario de frases: Violencia de género III



De nuevo con reflexiones de la violencia diaria que se vive y se reproduce entre nosotros. Con el motivo de entender el fenómeno creciente de las violaciones de mujeres en el Estado de México, hemos investigado y dado con el término de la violencia simbólica. “Violencia simbólica es un concepto instituido por el sociólogo francés Pierre Bourdieu en la década de los 70, que en ciencias sociales se utiliza para describir una acción racional en donde el "dominador" ejerce un modo de violencia indirecta y no físicamente directa en contra de los "dominados", los cuales no la evidencian o son inconscientes de dichas prácticas en su contra, por lo cual son "complices de la dominación a la que están sometidos" (Bourdieu, 1994).” Y pues ahí van más apuntes de distintas personas.

Enrique Burgot

“Mi hija secuestrada, torturada/Mordida, golpeada, pateada/Quemada, manos esposadas, violada, estrangulada/Sin piel/Sin corazón/Sin alma/Por corazón-roca/Por alma-hueca/Por mano diabólica/Mi hija/Botada como cosa desechable/Tratada como desecho/Mi hija desdeñada/Difamada, desgraciada, calumniada en su virtud/Vilmente/Falsamente/Cobardemente/Aquellos en el poder/Sin corazón/Sin oídos para oír/Sin ojos para ver/Sin alma para buscar justicia. Para mi hija”. Eugenia Muñoz, abril 7 de 2004.

“Por otro lado, la violencia y el terrorismo patriarcal lo reproducen tanto hombres como mujeres y atenta contra aquellos que no coinciden con los parámetros establecidos de normalidad según esa lógica, por ello los crímenes de odio contra homosexuales, lesbianas, otras masculinidades, otras feminidades, niños y niñas abusadas. Todo aquello que no aparezca como fiel reproducción del modelo patriarcal tiende a ser eliminado.”

“Siempre surgen problemas con el concepto de violencia de género. DEFINICIÓN (a bote pronto): Violencia de género es un tipo de violencia específico que se ejerce contra las mujeres y tiene múltiples caras (simbólica, física, económica, obstétrica...), se trata de una violencia estructural que tiene su origen en la organización heteropatriarcal de la sociedad. El resto de casos o violencias ha de ser analizado desde otro prisma. No son comparables, lo que no significa que se esté negando o no se tenga en cuenta nada "que sea cierto".”

“Debemos negarnos a aceptar que continúen los abusos y la violencia contra las mujeres y las niñas. No podemos permitirnos ser pasivos, teniendo en cuenta a todas las mujeres que sufren violencia, persecución y toda clase de injusticias. Por el bien de nuestras hijas y nietas, no podemos quedarnos sentados y no hacer nada. Al hacerlo, ponemos en riesgo su futuro. La equidad de género no es solamente posible, sino también necesaria. La discriminación y violencia contra las mujeres nos impiden convertirnos en una sociedad libre y equitativa. La violencia contra las mujeres y las niñas representa un crimen contra todos y cada uno de nosotros. Pongamos fin a la violencia contra las mujeres. Debemos llevar a los culpables ante la justicia y terminar con la cultura de la impunidad.” Bianca Jagger es directiva de Amnistía Internacional (EE UU) y embajadora extraordinaria del Consejo de Europa.

NOTA DEL PAÍS – 27 FEBRERO 2013 – EP
Una niña de 15 años que fue violada ha sido condenada por un tribunal de Maldivas a 100 latigazos y a permanecer bajo arresto domiciliario durante ocho meses por tener relaciones sexuales prematrimoniales, según han informado las autoridades judiciales.

La adolescente fue violada por su padrastro, quien la dejó embarazada y, tras dar a luz, mató al bebé. Tanto el hombre como la madre de la niña están a la espera de ser juzgados, en este último caso por encubrimiento. A pesar de ello, la joven también ha sido procesada y, finalmente, condenada por haber mantenido relaciones sexuales prematrimoniales, un delito tipificado por el Código Penal de Maldivas, según ha informado la cadena británica BBC.

La portavoz del juzgado juvenil que ha conocido este caso, Zaima Nasheed, ha justificado la condena, explicando que -según las autoridades judiciales- la adolescente cometió el delito voluntariamente. Aunque deberá ingresar de inmediato en un centro de menores para cumplir con el arresto domiciliario, la joven no recibirá los 100 latigazos hasta que cumpla los 18 años de edad, a  menos que lo solicite antes. El caso se destapó después de que se denunciara ante la Fiscalía el asesinato de un bebé en la isla de Feydhoo, perteneciente a la administración de Shaviyani Atoll, ubicada en el norte del país asiático. Amnistía Internacional (AI) ha considerado que la condena "es cruel, degradante e inhumana" y ha denunciado que no es el único caso. "El mes pasado, otra niña que había sufrido abusos sexuales fue condenada a la misma pena", ha dicho el investigador Ahmed Faiz.

Además, la organización humanitaria ha instado al Gobierno de Maldivas a abolir este tipo de penas. "Estamos sorprendidos de que no haya hecho nada para frenar este castigo", ha declarado. En  respuesta, el Ejecutivo ha manifestado que no está de acuerdo con la pena y que emprenderá las  acciones necesarias para cambiar la legislación vigente sobre la materia.