lunes, 27 de mayo de 2013

Soberanía alimentaria

Es probable que últimamente, querido lector, haya escuchado con frecuencia mencionar palabras como Monsanto, transgénicos, OGM's (organismos genéticamente modificados) y demás. Puede que asimismo se haya enterado de diversas manifestaciones de organizaciones no gubernamentales y asociaciones ambientalistas como Greenpeace, así como de diversos sectores de la sociedad civil en contra de la siembra de maíz transgénico en territorio mexicano. De igual manera, estoy seguro de que usted se ha percatado de un incremento generalizado en los precios de los alimentos, cosa que ha lesionado su economía familiar. Pero, ¿qué diablos tiene que ver el mentado Monsanto con la economía familiar? Por desgracia mucho más de lo que se imagina.

Pero para irnos entendiendo con mayor claridad vámonos despacio y empecemos por el principio. Para comprender lo que es la soberanía, ineludiblemente necesitamos entender primero lo que significa soberano; en el DRAE encontraremos que soberano se define, entre otras acepciones, como: “Que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente”.
Por lo tanto un estado soberano es aquel que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente; bajo esa óptica para que México sea un estado soberano requiere “independizarse” en todos los aspectos, incluso en su vida política y uno de los factores más fundamentales que juegan a favor de una soberanía verdadera es la independencia alimentaria. Un país que depende de otro para el suministro de sus propios alimentos jamás será independiente.
En el caso de nuestro país, esta cuestión no debería siquiera ser un tema de discusión, porque si bien, la corrupción, el abandono agrícola y el asedio de diversos productores de alimento del extranjero son factores que han agobiado severamente a nuestro campo, México cuenta con una capacidad productiva agrícola tan envidiable que no sería necesario recurrir a los productos de importación ―al menos en materia alimentaria― y todo esto gracias a que contamos con virtudes tremendas como riqueza de suelo, variedad de ecosistemas, variedad de zonas climáticas pero, sobre todo, con una hermosa destreza campesina de tradición milenaria.
Uno podría pensar: ¿Quién le va a venir a enseñar a los mexicanos como trabajar la tierra? Tal como si uno dijera: ¿Quién le va a enseñar el padrenuestro al Papa? Pues resulta que no; resulta que en México somos tan “ineptos” para producir maíz que (según el INEGI) en los últimos diez años se han incrementado en más de cuatrocientos por ciento las importaciones de dicho producto[i], en su mayoría provenientes de los Estados Unidos.
¿Cómo es esto posible? ¿En México? ¿En el país con mayor riqueza y variedad de tipos de maíz en el mundo? ¿En esta tierra nuestra en la que el maíz es literalmente el pan o mejor dicho la tortilla de todos los días? Pues temo decirle que así es e, incluso, es altamente probable que las tortillas que consuma en su comida de hoy estén hechas de maíz americano y no mexicano.
Entonces, el problema es que México cada día es más dependiente de la producción extranjera para alimentar a sus habitantes ¿Y cómo sucede esto si se supone que hay leyes que limitan y regulan la importación de alimentos para evitar golpear la producción nacional? Pues la pregunta se responde sencillamente con una sola palabra: corrupción.
Para entender esto debemos hacer notorio que todo producto extranjero que ingrese al territorio nacional con fines comerciales deberá de pagar un arancel; es decir, un impuesto que, por su naturaleza, tiende a desmovilizar y contener las importaciones a fin de que la producción interna se vea favorecida frente a este tipo de productos.
En este marco, ciertos sectores empresariales inescrupulosos se asocian con políticos corruptos a fin de inventarse tretas para justificar la eliminación de aranceles a ciertos productos y, en consecuencia, incrementar el flujo de productos extranjeros al interior del país. Este tipo de tretas se ocultan detrás de “epidemias aviares o porcinas”, “plagas” y “sequías” que exterminan los cultivos, y un sinfín de triquiñuelas más.
No quiero decir con esto que, por ejemplo, las sequías que se presentan en el norte del país con frecuencia no sean un hecho real, claro que existen, sin embargo las consecuencias no son solo culpa de condiciones climatológicas adversas sino fundamentalmente del abandono de campo por parte de las autoridades que al no implementar, digamos, tecnologías y sistemas agronómicos más eficientes, al no invertir en el campo, promueven la muerte de las cosechas. El mismo caso va para las fiebres en pollos o puercos; los virus que las provocan son reales; sin embargo, la propagación descontrolada de la enfermedad es responsabilidad no de los ganaderos sino de las autoridades agrarias que no promueven campañas preventivas de vacunación.
En fin, el caso es que tras estas catástrofes agroalimentarias sobreviene ineludiblemente un aumento en el precio de los alimentos, precisamente por la insuficiencia de los mismos; lo que eventualmente degenera en descontento social y en la demanda popular de suficiencia alimentaria y disminución de los precios. Bajo este esquema tramposo los políticos se ven “obligados” a quitarle los aranceles a los alimentos extranjeros ―sobre todo los provenientes de E.E.U.U―, dejando una tremenda derrama económica para los productores americanos ―y por ende para los políticos corruptos y cómplices― y, en contraste, se va agravando cada vez más la crisis en el campo mexicano y sus productores.
Tristemente no todo para aquí, una nota “periodística” que vi por televisión esta mañana me ayudó a comprender mejor cómo funciona la avanzada “intervencionista” de los Estados Unidos en contra de diversas naciones subdesarrolladas en lo que a temática alimentaria se refiere; por ello, me parece importante reproducir dicha nota, para contrastar con mayor contundencia el discurso oficial contra lo que verdaderamente está sucediendo; para aquellos que quieran corroborar la nota encontrarán el video en el siguiente enlace[ii], veamos:
Primero Finanzas con Enrique Campos: 16 de Mayo de 2013.
Enrique Campos habla sobre las medidas que se han tomado ante los altos precios en alimentos, en algunos casos muy por arriba de la inflación general.
Carlos, vámonos con los temas económicos. Y lo que sí es una realidad es que los precios de la comida siguen subiendo y esto por supuesto es un problema social importante. Ya son varios meses en los que la inflación de los alimentos está muy por arriba de la inflación general, pero bueno, pues es hasta ahora que el tema saltó a la atención de la opinión pública y por lo tanto las autoridades decidieron tomar medidas que impactan precisamente a ese nivel. La apertura de las fronteras a algunos productos como el tomate verde, el limón, el pollo, sí puede impactar en el precio porque genera expectativas positivas de mayor oferta entre los consumidores y expectativas negativas de mayor competencia entre los productores locales. Esta salida es buena en la medida que sea temporal, lo que realmente tiene que suceder es un cambio de tecnologización del campo no sólo con mejores sistemas de riego y tractores más modernos sino también con la adopción de semillas más productivas y más resistentes que hoy son una realidad, son seguras y de empleo exitoso en muchas partes del mundo y claro que al campo le faltan muchas inversiones, porque ya no quedan dudas, Carlos, de que en la alimentación si no se toman las medidas adecuadas puede ser un asunto de seguridad nacional y, si no, ahí están los precios. La inflación como un foco de alerta en este tema Carlos.
¿Acaso no le ha parecido tremendamente descarado este discurso “noticioso”? ¿Acaso no le reafirma con increíble contundencia lo que le acabo de plantear? ¿Precisa usted de más argumentos? Pues aquí van para los que son reacios a razonar.
En su artículo “Mentiras y verdades sobre el maíz transgénico[iii], Greenpeace México hace un abordaje veraz y argumentado de todos los mitos que rondan al maíz transgénico, de los cuales, voy a aplicar algunos a la “noticia” previa, a fin de demostrar que la siembra del maíz transgénico en México, más allá de ser una alternativa para abatir el hambre y reactivar el campo, es solo una medida “intervencionista” que pone en riesgo nuestra autonomía alimentaria y con ello nuestra independencia como país, y todo con el puro afán de hacer dinero:
El señor Enrique Campos asume que para solucionar la crisis agroalimetaria en México “lo que realmente tiene que suceder es un cambio de tecnologización del campo [...] también con la adopción de semillas más productivas y más resistentes” y, sin decirlo explícitamente, nos hace pensar en las semillas genéticamente transformadas: los transgénicos, como los que intenta “cultivar” Monsanto en nuestras tierras.
A esto Greenpeace dice:
      Mito: Brinda beneficios económicos
Realidad: Por el contrario, compañías como Monsanto ofrecen préstamos a campesinos pobres para que compren sus caras semillas transgénicas. Al final los campesinos terminan con deudas y se ven forzados a adquirir más préstamos. Ya sea por comprar semillas o por contaminación "accidental" cientos de productores estadounidenses se han visto forzados a pagar millones de dólares. Y dado que las semillas transgénicas no tienen los altos rendimientos que prometían, lo único que hacen es enganchar a los productores a paquetes tecnológicos más caros y dañinos para la biodiversidad.
Mito: Ayudará a reducir el hambre.
Realidad: El hambre es un problema de distribución y de falta de recursos. Son demasiadas las personas que no pueden tener acceso a los alimentos básicos, no porque haya escasez de estos, sino porque no tienen suficientes ingresos para ello. Las semillas transgénicas no están diseñadas para resolver el hambre del mundo sino para producir ganancias para las corporaciones.
Por otra parte, el señor Campos dice que este tipo de semillas son seguras, a lo que rebatiré con el siguiente fragmento:
Mito: Es seguro para el medio ambiente. 
Realidad: Gran parte del maíz transgénico es del tipo Bt que fue manipulado para producir un insecticida que ataca al gusano barrenador europeo, pero también perjudica a otros insectos que ayudan a controlar plagas, entre ellos la mariposa monarca. Esta toxina se acumula en los suelos de cultivo y por lo mismo podría afectar su fertilidad a largo plazo.  
Mito: Es seguro para la alimentación humana.
Realidad: La industria biotecnológica se ha negado a hacer pública la información vital que demuestra los problemas para la salud humana por el consumo de alimentos transgénicos. Científicos han revelado que Monsanto omitió reportar efectos negativos serios, como los signos de toxicidad en los órganos internos de las ratas.
Hasta el momento el uso de semillas transgénicas no es seguro ni para el consumo, ni para el medio ambiente. Por último, el periodista de televisa se aventura a aseverar que este tipo de semillas son “de empleo exitoso en muchas partes del mundo.” Cosa que demuestra a las claras una tremenda desinformación o un sospechoso afán de engaño pues  Greenpeace argumenta:
Mito: Es imposible detener la tecnología transgénica
Realidad: Hasta ahora la mayoría de los transgénicos se cultivan solo en cuatro países: Estados Unidos, Argentina, Canadá y Brasil. Otros países se han opuesto a su cultivo. A más de una década de sus inicios, la industria biotecnológica no ha logrado imponerse, debido a todos los riesgos ambientales, económicos y de salud que conlleva y a que no resuelve ningún problema del campo. En México, a pesar de que en 2009 se aprobaron las siembras experimentales de maíz transgénico, el rechazo a esta tecnología entre campesinos, consumidores y científicos independientes es creciente.
Hasta la fecha no existe comercialmente ninguna semilla genéticamente transformada que resista sequías o cambios climáticos drásticos; en cambio las semillas transgénicas han sido diseñadas con el objetivo de monopolizar el cultivo de alimentos. Cuando un campesino siembra una semilla transgénica y mezcla las parcelas con cultivos naturales de la misma semilla ―en este caso el maíz―, el cultivo transgénico contamina a los otros cultivos y estos últimos eventualmente mueren; del mismo modo el cultivo transgénico infertiliza el suelo por medio del uso de agro-químicos que impiden que cualquier otra semilla germine en el mismo suelo. Por si todo esto fuera poco, las semillas transgénicas que produce Monsanto solo fructifican una vez; es decir, el campesino no podrá emplear ese grano para una nueva siembra porque es infértil; lo que le obligará a comprarle a Monsanto más semilla para volver a sembrar. Negocio redondo, ¿no?
Y el giro agroalimetario representa un negocio tan jugoso que millonarios como Bill Gates, Rockefeller, y empresas como Monsanto y Dupont se han unido para crear un banco de semillas en Noruega a fin de captar todas las especies vegetales del mundo y conservarlas para su eventual venta y explotación ante lo que ellos predicen como un “holocausto alimentario[iv]”. ¿Coincidencia?
Por otro lado, el alza del precio del limón es algo que llamó aparte mi atención y me trajo a la cabeza a los campesinos de la Ruana y Buenavista Tomatlán en Michoacán que imploran, con todo derecho, que se les deje trabajar en paz y sembrar limón sin el fustigante yugo del narco sobre sus cabezas que los obliga a producir enervantes. Ante la negativa y muestra de dignidad popular, los sicarios ejecutan a los campesinos e incendian empacadoras de limón en total impunidad[v].
También está el caso de los grupos delictivos en el norte de México dónde ya no se dedican solamente a traficar con drogas, sino ahora también se ponen a robar toneladas de granos y semillas a los productores agrícolas[vi]. Parece ser que la consigna es dejar en crisis a la industria agroalimenticia nacional.
A todo esto, coincido en dos puntos con el señor Enrique Campos: sí, en efecto, es necesaria una “tecnologización” del campo, pero el asunto no puede ir por la implementación de transgénicos en nuestras tierras porque dicha medida entregaría por completo nuestra independencia alimentaria al corporativismo gringo y, en segundo lugar, efectivamente “si no se toman las medidas adecuadas puede ser un asunto de seguridad nacional”, solo que, contradictoriamente, las medidas que está tomando el gobierno federal están comprometiendo la seguridad de México como nación soberana.
Son múltiples los frentes por los que se está atacando la independencia de nuestro país, sin embargo la soberanía alimentaria es un punto neurálgico que no podemos descuidar pues hacerlo significa entregar la patria en charola de plata a los mezquinos intereses de la inescrupulosa clase de empresarios neoliberales del imperialismo. Un pueblo hambriento es un pueblo sometido.
Ptolomeo.


 
 

lunes, 20 de mayo de 2013

Una vía de escape

Hace algunas semanas se cumplió un año de la visita de Enrique Peña Nieto, aún como candidato presidencial, a las instalaciones de la Universidad Iberoamericana y, tras esta visita, del surgimiento del movimiento #YoSoy132. ¿Qué balance hacemos los mexicanos de este hecho? Durante los días siguientes al aniversario, los comentarios en redes sociales no se hicieron esperar. Especialistas hablaban sobre lo que fue y no fue el mentado movimiento, mientras los ciudadanos de a pie daban rienda suelta a sus fobias, taras y traumas reviviendo ese hashtag 

Uno de los análisis más interesantes que pude leer al respecto, fue el hecho por Carlos Retes en su blog Reporte Retes: “#YoSoy132 y la infiltración neoliberal”, en donde expone las razones que, tras su investigación, tiene para pensar que el movimiento fue desarticulado desde las más altas esferas del priismo y los clanes neoliberales.  
El movimiento fue un halo de esperanza, fue un oasis en medio de la oscuridad que desde entonces se cernía sobre nuestra vida política. Que se convirtiera en un movimiento lo suficientemente bien articulado como para evitar la llegada al poder del priisimo, quizá nunca fue su destino. No, el movimiento no tuvo como fin generar una nueva propuesta política, su fin era ciudadano, su finalidad era despertar a los ciudadanos y hacer un llamado de atención a la clase política para que mirara a sus ciudadanos y les diera lo que verdaderamente necesitaban o, por lo menos, que dejara de darles lo que hasta ese momento había dado. Los pueblos rara vez saben lo que quieren, pero saben bien lo que no quieren y cuando son capaces de expresarlo toca a sus servidores públicos darles lo que necesitan. Esos momentos de inconformidad y de despertar son perfectos para que nuevas figuras aprovechen la oportunidad y comiencen a trazar un nuevo horizonte. Así, la Revolución Mexicana no nació porque Madero llamara a los mexicanos a liberarse del yugo porfirista, Madero fue capaz de dar respuesta a una necesidad social que muchos años antes de él mismo comenzaba a gestarse, un reclamo general que sirvió para alimentar un movimiento que puso fin a una era y dio paso a otra.  

Así pues, el eterno reclamo que los medios de comunicación, algunos líderes de opinión y la sociedad que les hizo eco, hacían hacia el #YoSoy132 para que generara propuestas y se decidiera a dar el paso del reclamo a la acción era infundado. ¿Por qué? Simple: porque los 131 estudiantes que dieron la cara en un video para hacerle saber a Pedro Joaquín Coldwell que ellos no eran ningunos porros y que su reclamo en las instalaciones de su universidad, era un reclamo legítimo, no escudado en ningún movimiento político y, por tanto, ciudadano. Esa era la finalidad de un fenómeno que rápidamente se viralizó no sólo en México, sino alrededor del mundo. Muchos ciudadanos nos vimos reflejados en esos mismos estudiantes a quienes llamaban porros y decidimos apoyar su reclamo. Muchos enarbolamos esa bandera que decía basta a la comunicación deficiente, a la manipulación de masas y a una clase política que no sólo estaba de vuelta, sino que lo hacía con las mismas prácticas de siempre. Y al interior, cuando el movimiento comenzó a extenderse a otras casas de estudio, la incapacidad de sus líderes para darle forma como una propuesta política llevó al fracaso al movimiento. Pero, ¿verdaderamente fracasó el #YoSoy132? ¡Claro que no! El movimiento nunca fue una propuesta política, era un reclamo, un reclamo que debía servir a toda la ciudadanía para despertar, para exigir un proceso no sólo legal, sino legítimo. Ese era el verdadero sentido del movimiento.  

Por una parte, a los ciudadanos nos competía hacer lo que estuviera a nuestro alcance para impedir que el PRI llegara al poder si no queríamos que así sucediera: apoyando otras propuestas políticas, dando a conocer a quienes teníamos cerca la otra cara de las cosas, exigiendo a nuestros candidatos que dieran solución a las demandas de toda la ciudadanía. A los políticos les correspondía escuchar esos reclamos, tratar de darles solución y generar ellos las propuestas necesarias para emprender un nuevo modelo político. ¿Por qué los ciudadanos debían hacer ese trabajo? Se supone que los servidores públicos sirven a los ciudadanos, ¿no es así? Si yo busco ganar un cliente, lo menos que puedo hacer es escucharlo. Entonces, ¿por qué el #YoSoy132 que era un gran reclamo, maginificado y a gran escala, debía generar también las propuestas? Si EPN verdaderamente hubiera tenido una intención renovadora, habría abierto una mesa de diálogo con los estudiantes, en lugar de esconderse en el baño y después mandar a todas sus huestes a desacreditar el reclamo. Por desgracia, el momento en que el movimiento fue trasladado a la discusión mediática, visiblemente contaminada por la fuerza mercadológica del PRI, comenzó a perder fuerza. No había lugar para voceros, no podía haber uno sólo que dijera qué necesitaban todos, porque esos chicos ya lo habían expresado con suficiente contundencia: no al mismo PRI de regreso, no a la manipulación de la información, no a la ciudadanía manipulada.  ¿Qué legitimidad tenía un personaje como Atolini para ser un vocero? ¿Cómo podía él solo decir lo que todos los ciudadanos, todos los estudiantes querían? Hacía falta que el PRI escuchara al menos las voces que ignoró en la Ibero, que escuchara verdaderamente lo que los ciudadanos necesitaban. 
En cambio, en lugar de haber hecho eso: investigar, escuchar, analizar, el PRI prefirió el trabajo más difícil: articular toda una estrategia para nulificar el #YoSoy132 y pararlo, convirtiendo así en porros, acarreados, manipulados, pejezombies y golpistas a todos aquellos que apoyaran mínimamente al movimiento. Andrés Manuel López Obrador se transformó en el iniciador del mal y el #YoSoy132 en el nombre de la pandemia. ¿Será que los mexicanos que con tanto odio hoy usan uno y otro nombre para referirse a la escoria, al mal, a lo indeseable, han sido infectados con un virus más poderoso?  

Perdimos una gran oportunidad con el #YoSoy132, pero el movimiento en realidad nunca fue vencido, sembró en las conciencias de muchos una semilla de deseo, de esperanza y sirvió para hacernos saber que no todo estaba perdido, pues en el país aún hay conciencias despiertas y no son pocas. Toca, en los próximos meses, a esas conciencias dar cauce a un mejor país, a un mejor México.  

Damiana.

lunes, 13 de mayo de 2013

Ad perpetuam

por era-del-Ser. 

Hace ya tantos años que México, este mi país querido, intenta superar sus ancestrales problemas sociales sin jamás lograrlo. Generaciones de mexicanos han vivido y desaparecido sin haber tenido jamás la más leve esperanza del anhelado cambio, del justo enrutamiento hacia el verdadero progreso nacional que brinde oportunidad a todos los habitantes de este país de superar su eterna tragedia.
 
         Más de dos siglos después de terminada la colonia las condiciones sociales en nuestro país no han logrado mejorarse sustancialmente. Estamos condenados a ver cómo países como Japón (dañado inconmensurablemente hace 60 años en la Segunda Guerra Mundial) o Corea (sumido en la miseria por una guerra ocasionada por su división de su territorio en Corea del Norte y Corea del Sur después de la misma SGM) han salido adelante, superando y rebasando el nivel de vida de los mexicanos. Estos son sólo dos ejemplos de cómo países mucho más pequeños que México, y que cuentan con menos recursos, han superado su postración para convertirse en potentes economías mundiales.
 
         ¿Pero, qué pasa con México y con los mexicanos que no logramos salir del subdesarrollo jamás? ¿Hay en México alguna condición sine qua non que impida el desarrollo del país? ¿O es que los mexicanos adolecemos de alguna tara específica de nuestra civilización que justifica nuestra incompetencia para superar nuestros eternos problemas?
 
         Si nos ponemos a leer un poco de nuestra historia (cosa que recomiendo ampliamente para poder valorar los cambios en nuestro país, aunque también, seguro, os harán pasar algunos corajes) nos daremos cuenta de que en nuestro país las cosas siempre han cambiado para no cambiar. En México, la lucha en las élites políticas se ha dado la gran mayoría de veces por la adjudicación del Poder y por su conservación a ultranza. Muy pocas veces los actos de los círculos políticos mexicanos están encaminados al desarrollo de la sociedad; de esta suerte, el mexicano promedio no ha conocido jamás un modo diferente de supervivencia que el de esperar las dádivas de los políticos o los militares, que también ostentaron el poder político en el país durante algún tiempo.

         Y es que, díganme la verdad, ¿no les da envidia una noticia como esta?: 

El ex primer ministro italiano y presidente del club Milan, Silvio Berlusconi, fue condenado hoy a 4 años de cárcel  por un delito de fraude fiscal en la compraventa de derechos de películas en el llamado caso Mediaset.
Con esta decisión el Tribunal de Apelación de Milán confirmó la sentencia emitida en primera instancia por este mismo caso el 26 de octubre de 2012. 

         Claro, esa es Italia, es otro mundo, lejano, muy muy lejano, no ya en distancia sino en evolución social. Y ¿qué pasa si la comparamos con esta otra?:  

México pidió a Estados Unidos que en el caso de la demanda civil que se presentó en contra del expresidente Ernesto Zedillo por el caso Acteal, se respetara la inmunidad legal que acompaña a los Jefes de Estado aún después de haber dejado su encargo.
Reforma dio a conocer la carta que el embajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhan, envió a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, para advertir que si una corte de Estados Unidos juzgara al expresidente mexicano se violaría la soberanía nacional y se afectaría la relación entre ambos países. 

         Claro, este es México, un lugar en donde las relaciones de amistad y compadrazgo trascienden la búsqueda de la justicia en una pérfida relación de “te doy, me das”; “te protejo, me proteges”; en donde los ciudadanos de a pie siempre terminamos perdiendo. Hágame usted el refregao favor.

         Y hasta aquí le dejamos por esta vez. Lo dejo con sus cavilaciones y, por si acaso, vaya por unas pelis de terror para pasar la noche por si esto le quitó el sueño. 

¿Qué tal durmió FCH?



jueves, 9 de mayo de 2013

Milpa



De noche se oía la voz de los que se habían muerto. Sí, a Rufino le costaba entender aquellos clamores, pero lo cierto era que tenía ya un rato que venía oyéndolos. No sabía si una semana o dos, la cosa era que desde hacía un tiempo no dejaba de escuchar esas voces, también los gritos. La milpa estaba llena de susurros. A él no lo hacían tonto, lo sabía, ese campo debía estar lleno de muertos. De seguro los de La tribu ya lo habían agarrado para ir a botar desperdicios y por eso era que escuchaba eso. No les tenía miedo, no era eso, pero escuchar esos ruidos cada noche de veras que no le gustaba, como que le entraba algo, como que le daba una desazón que no se le quitaba con nada. Por eso, mejor se salía todas las noches a ver a la Marcela, después de dos o tres revolcadas, más o menos se calmaba. Eso sí, para poder hacer aquello necesitaba una buena dosis de su medicina y eso le salía caro. Sí, era parte de la paga, pero de todos modos sentía como que estaba desperdiciando parte de la mercancía cuando se la tomaba él mismo. Además, sabía que si seguía así no iba a terminar bien, esa era una forma de amarrarse por completo a aquello y luego él saldría perdiendo. Si le seguía, iba a llegar el momento en que ya no trabajara por la lana, sino por la pura mercancía. Andaba preocupado. Pero es que las pinches voces no se le salían de la cabeza. No, no era miedo lo que le causaban, era que de veras eran muy insistentes las cabronas. Les había dado por anidársele a él en la cabeza y ora nomás no veía como sacárselas. De un tiempo para acá, después de otras dos semanas, le había dado mejor por el alcohol. Se había hecho buen tomador del güisqui, su compa Rogelio se lo había enseñado. Ese con el nombre difícil de pronunciar era el que más le gustaba. Él pensaba que eran los muertitos, porque primero eran nomás vocecillas sin sentido, ecos como de dolor, como cuando ya después de que los interrogaron mucho los agarrados empiezan a dejar de gritar como pinches locos y lo que les sale son susurros, cosas como “ya, por favor, te lo juro que yo no fui, digo lo que quieras pero ya no le sigas, te lo suplico manito”. Pero últimamente las chingadas voces ya tenían nombres, eran todos los viejos compas que había dejado de lado, las muchachas que se había agarrado, a las que había gozado chido y después había tenido que callar. Total que el pobre de Rufino ya no hallaba qué hacer con sus voces. Se ponía a ver películas, a escuchar música a todas horas, con el volumen bien fuerte a ver si así sí se callaban pero nada, las cabronas voces no desaparecían por más que quisiera. Con eso cada vez era más difícil trabajar. Luego de otras dos semanas, las voces ya no se escuchaban sólo en la noche, ahora también en el día, cuando estaba trabajando, en cualquier momento en que no estuviera con alguien o se concentrara en algo importante, las voces lo asaltaban, nomás era cuestión de que dejara de hacer algo para que se le aparecieran. No le decían nada, no era a él al que se dirigían. Decían toda clase de pendejadas, que si no querían morir así, que si ellos no habían sido, que si tenían familia, que si sus hijos los estaban esperando, puras mentiras. Rufino lo sabía, aquello no eran más que pinches mentiras. Todos esos cabrones que ahora estaban chingándolo día y noche eran unos pinches traidores hijos de la chingada y desgraciados, que se merecían eso y más. A él no podían hacerlo pendejo, los conocía muy bien como para que quisieran jodérselo. Lo malo era que ahora no podía quitarse sus voces de la pinche cabeza, ya ni el güisqui ni la medicina ni los revolcones lograban sacárselo. La peor pinche voz era la de la vieja, esa no la conocía, esa sí no sabía de quien era. La pinche loca esa no dejaba de repetirle que debía de irse a sembrar otra vez, que lo estaba esperando el campo. ¡Pendeja vieja! Como si ahí el campo todavía se pudiera sembrar, como si los pinches maíces pudieran de verdad quitarle el hambre. Hacía ya años que de eso no se vivía. Sus papás se lo habían heredado y estaban necios con que le siguiera, que disque ellos habían peleado por esa tierra y que era lo único que les iban a dar a él y a sus hermanos. Luego de pelearse entre todos por las pinches tierras, se había dado cuenta de que no servían para ni madres, el pinche maíz no daba pa comer. Nadie se lo compraba a lo que valía y luego de años y años de estar ahí, dándole, había llegado don Pánfilo, primero le dijo que se fuera con él por las buenas, que le compraba sus tierras para que dejara ya de sufrir, no quiso, su vieja estaba preñada y quería vivir ahí y tener al crío. Un día se fue a la milpa y cuando regresó vio en la puerta la cabeza de su vieja. Lo demás era historia pasada, se había ido a buscar a don Pánfilo pa matarlo y no había conseguido más que le pusieran la chinga de su vida. Tras varias semanas encerrado, don Pánfilo había conseguido lo que quería. Le pagó las tierras en más del doble de lo que valían y le dio esa chamba: ir y entregarles todas las mañanas a unos clientes suyos la mercancía y de vez en cuando, ayudarle con los que como él se ponían rebeldes. ¡Y las chingadas pinches voces no se callaban! ¿Hasta cuándo iba a dejar de escucharlas? Ya lo tenían hasta la madre. Lo peor era que ora ya ni trabajar podía, por eso se había encerrado en ese motel de cuarta. Se había subido a la troca y había manejado todo lo que podía, llevaba consigo un chingo de medicina, toda la carga de ese día, más la lana de la cobranza de un día antes. Le había pagado al encargado por adelantado y ya llevaba ahí dos días. Sabía que lo iban a ir a buscar, pero prefería creer que tardarían todavía en llegar. Se acordó de su vieja, se acordó de lo que era dormirse abrazado a un cuerpo y despertar sin voces, quería volver a vivir sin las pinches voces. Cerró fuerte los ojos, nomás le dio tiempo de escuchar la pistola tronar. Las voces se habían ido a enterrar de nuevo a la milpa.

Damiana.

martes, 7 de mayo de 2013

El PRI como en sus “mejores” tiempos



El día de hoy mi querido lector, quiero hacer una breve recapitulación de algunos de los embates y retrocesos que ha instrumentado el PRI desde su “regreso” a los pinos; no han cumplido siquiera un año, y muchísimas de las conquistas populares que costaron casi un siglo en ganarse, se han ido perdiendo ante la indiferencia de miles de mexicanos y el estupor e indignación de muchos otros. Iniciemos con este dolorido listado:

1.    Reforma Laboral: Aunque esta “reforma estructural” fue cocinada al vapor cuando aún atravesábamos el espurio sexenio de Calderón; la instrumentación de esta medida se dio en claro contubernio con el régimen priista que estaba por entrar a fin de que una medida tan impopular no golpeara desde el inicio al “gobierno” que se reestrenaba y el “gobierno” saliente asumiera la culpa por entero. Sea como sea, la responsabilidad histórica de este arietazo contra los trabajadores descansará ineludiblemente sobre los hombros del priismo. El resultado: una neo esclavitud empresarial al servicio de las transnacionales corruptas e inmoralmente ricas.

2.    Reforma Educativa: Otra reforma tremendamente impopular que más allá de hacer una revisión de los planes de estudio, una fiscalización de los recursos presupuestales a este sector, la implementación de una infraestructura educativa que afronte con contundencia el rezago; es sólo un apéndice de la reforma laboral que únicamente pretende secuestrar el sector magisterial para poder dar entrada al ramo a la iniciativa privada y a muy oscuros intereses mercantilistas y neoliberales.

3.    Reforma de Telecomunicaciones: Más allá de ser una democratización del acceso a los medios de comunicación, esta reforma es sólo una dádiva en recompensa por los servicios otorgados por diversos medios de comunicación durante la campaña electoral del año pasado en una irrefutable inclinación por el entonces candidato Peña. Esta reforma únicamente se traduce en “diversificar” el mercado de empresas monopolizadoras de las telecomunicaciones; es decir, que estas empresas que únicamente se enfocaban al tráfico mercenario de la información, ahora puedan explorar otros nichos de mercado y robustecer su aparato monopólico en diversos sectores de las comunicaciones.

4.     Reforma Hacendaria: Su principal pretensión es generalizar el cobro de IVA por cualquier tipo de producto, aunque sea de necesidad básica, como son las medicinas y los alimentos; esta medida pretende cargar al erario público el hueco presupuestal que se generaría tras la aprobación de la reforma energética (es decir, la venta de PEMEX).

5.    Reforma Fiscal: Su objetivo es dar seguridad legal a todas las grandes evasores de impuestos (bancos, transnacionales, políticos, empresarios corruptos y narcotraficantes) pues si bien es cierto que hoy operan de tal modo con total impunidad, la reforma fiscal destruiría los estatutos legales que eventualmente podrían perseguir la comisión de este tipo de prácticas; todo ello justificado bajo la óptica de la “benévola” inversión privada y/o extranjera y la mentada “movilidad económica”; por otro lado, la recaudación de impuestos a pequeños contribuyentes se endurecerá para tratar de nivelar el déficit de captación que sobrevendrá al condonar a contribuyentes ricos.

6.    Reforma energética: No hace falta ser un experto en la materia para adivinar siquiera que detrás de ella están las manos de muchos empresarios inescrupulosos nacionales y extranjeros. Aún a pesar del abandono en que se encuentra PEMEX, esta paraestatal sigue siendo una fuente importante de riqueza soberana de todos los estados mexicanos. El permitir que empresarios metan mano en su administración y explotación, representaría un catástrofe nacional.

Por último, como si no fuera suficiente este listado, el mexicano de a pie debe enfrentarse con una durísima realidad en la que su sueldo no le alcanza para cubrir sus necesidades mínimas, no puede acceder a educación gratuita y de calidad que le permita a sus hijos superar su propia miseria, no puede adquirir alimentos sanos que le impidan enfermarse continuamente y por ende eximirle de tener que pagar por servicios de salud malos, caros y farsantes como lo es el Seguro Popular; no puede incrementar su patrimonio pues apenas le alcanza para mal comer y mal vivir; nunca podrá acceder a un crédito hipotecario no ventajoso que le permita comprarse una vivienda digna; y los altos costos en el transporte público y las gasolinas jamás le permitirán adquirir un vehículo propio.

El Mexicano de abajo está esclavizado por el empresario de arriba, que en muchas ocasiones, ni mexicano es. ¿Irremediable? De ninguna manera; cuando el mexicano sienta el agua hasta el cuello es cuando se despojará de su yugo y luchará por su libertad. Pero ¿es necesario llegar a tal extremo para luchar por nuestra libertad? ¿por qué no empezar a luchar ya? No hablo de violencia, sólo de una lucha social en la que si cada uno exigiera vehementemente lo que le corresponde, no habría siquiera la necesidad de llegar al derramamiento de sangre. Ojalá sea esta la alternativa porque tarde o temprano habrá un punto de quiebre y las cosas se invertirán.

Ptolomeo.