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lunes, 17 de junio de 2013

Efecto Morris


La presencia del gato Morris en la jornada electoral para la alcaldía de Xalapa pone en relieve, por lo menos, un par de teorías: la primera, que a los poderes mediáticos se les ha terminado la credibilidad y se han visto obligados, por tanto, a innovar la estratagema para favorecer a un candidato en el fomento de la anulación del voto; y bien, la segunda, que la ciudadanía en efecto ya está hasta la madre de los candidatos politiqueros de porquería de siempre. Ambos fenómenos en todo caso denotan una cosa: existe una gran crisis alrededor del sistema político mexicano.
La crisis es tan grave y tan grande que una buena cantidad de personas no ha dudado en mostrar abiertamente su simpatía política por un animal. Incluso a sabiendas de que pudiera tratarse de un distractor ―y que de hecho lo es estratégicamente o no― la veracidad, la legitimidad que muestra su campaña no deja lugar sino a dar la razón. Frases como “No más ratas, vota por un gato” atraen peligrosamente a un público elector que, elecciones tras elecciones, observa de forma impotente que su voto poco o nada vale y, peor aún, aunado al ejercicio de la “democracia”, cada día hay más violencia y están más limitados los medios básicos para sobrevivir del mexicano de a pie.
El fenómeno Morris como estrategia mediática de la política pone en evidencia una nueva forma de hacer campaña en la que se apela al descredito y repudio que merecen los políticos de nuestro sistema. No es nuevo el fomento a la nulidad del voto; lo nuevo es que, mediante un gato, el proceso electoral de una alcaldía se convierta en una ridiculez en donde compiten una sarta de animales: las ratas y el gato. Está tan empachado de corrupción el electorado que muchos no dudarán en ir a depositar a las urnas su simpatía por Morris y, aunque ello beneficiara a un candidato en particular, al final el mensaje del votante es claro: ninguno de los candidatos oficiales me convence.
Morris dice estar a favor de las candidaturas independientes y ciudadanas e invita con ello a votar por él, pero se olvida de que su candidatura es ficticia en la misma medida en que lo es el candigato y, aunque ganara, los votos a él dados seguramente serán eliminados. El creador de Morris quiere protestar haciendo que la gente vaya a votar por un independiente muy particular: un gato. Y el fomento al voto independiente no es precisamente eso porque quien vote por Morris NO votará por una persona que pueda asumir un cargo de verdad, sino por un personaje de ficción cuyas buenas intenciones quedarán en nada después de las elecciones.
A la par que lleva su atareada agenda de campaña política, el candigato ha abrazado varias causas sobre todo de derechos animales. Su página además ha servido como un punto de reunión e inspiración para creadores y artistas que han hecho versos, pinturas, carteles y otros, en torno al personaje y para redituar el esfuerzo diario de los creadores mediante la venta de los afiches oficiales no poco demandados. Lo alarmante es lo que pasará después de las elecciones, cuando ya no haya un gato ganando la simpatía y paliando el hambre, la inseguridad y las desavenencias diarias de los habitantes de Xalapa, porque desgraciadamente la manifestación del repudio por los políticos en escena no es suficiente para poner remedio a una situación nacional que empeora cada día.
Temas varios como los presos políticos del 10 de junio o la violencia que sigue en ascenso han perdido atención en pro de la candidatura de Morris. El asunto de los presos políticos detenidos en las manifestaciones no desmerece en nada la atención de la ciudadanía porque a leguas es claro que se trata de una estratagema basada en el miedo. La represión a la orden del día hace pensarlo dos veces antes de salir a una manifestación. Tal parece que el gobierno de Miguel Ángel Mancera no está dispuesto a tolerar la inconformidad de ninguna índole y desde el inicio de su gobierno se ha dado a la tarea de tomar medidas encaminadas a acallar toda voz que se alce más de lo conveniente.
El candigato, pues, desde Xalapa, nos insta al voto independiente en la medida en que cada proceso electoral cuente con su respectivo candidato ficticio. Creemos que daremos una buena lección a los políticos, pero quizá la lección está dada, quizá ellos sepan muy bien que no los toleramos más, quizá por lo mismo se reconocen, divertidos, como ratas que son y en consecuencia ponen a un gato a su servicio que finge hacerles frente. Estamos hartos de los candidatos de siempre pero no de la pantomima. Debemos reconstruir el sistema pero no desde la pobre risotada del mexicano desesperado “que se burla de sus propias desgracias”, sino desde un ejercicio ciudadano más responsable y previsor.
¿Qué va a pasar si gana Morris las próximas elecciones de Xalapa? El resultado será que no ganará Morris como no ganaría el Rey león, Aladino ni la Catrina de Posada. A lo sumo será un episodio chusco; es tan simple la cuestión como que se anulan los votos y gana el segundo en preferencia. Para el caso da lo mismo quien gane, porque seguramente seguirá la misma violencia, la misma desesperanza y la misma corrupción. La competencia, en todo caso, ya no es asunto de los partidos políticos sino de la ciudadanía; ello, claro está, en tanto sea la verdadera ciudadanía la que busque y gane espacios.
Con la vuelta del PRI a la presidencia nos hemos topado los capitalinos con un gobierno de “izquierda” cuya visión más bien se alinea a la derecha; los Xalapeños han amanecido un día con unas elecciones de caricatura más esperpénticas que divertidas; las televisoras se han vuelto benévolas con la sensibilidad del público televidente y se ha dedicado a tapar con su dedo hipnótico la violencia que sigue creciente por todo el país y los ciudadanos nos vamos quedando cada día más con menos medios de subsistencia y más enajenados, apáticos a nuestros males en nuestra tristeza creciente.
Des Consuelo.
 

jueves, 4 de abril de 2013

El verdadero revolucionario


Para crear un cambio, una revolución de las ideas que repercuta en el modo de vivir de las personas, es necesario realizar una búsqueda incesante. Esto concluyo después de una serie de lecturas y mucha reflexión. La búsqueda debe ir en pos no sólo de ser mejores personas, sino de ser mejor sociedad, de hallar la unión y la liberación total de los individuos mediante la utopía, mediante la fuerza de la justicia. La liberación --quiero decir-- respecto a las decenas de sometimientos que lo atan cada día a la esclavitud, en detrimento de vivir de manera plena y de su propia autorrealización.
Un verdadero revolucionario no es alguien que se afilia permanente y ciegamente a un partido político, sino una persona que busca la acción, que busca, por sí solo, el cambio y las medidas que deben tomarse para lograrlo. Es una persona que combina el aprendizaje y la reflexión teóricos con sus actos cotidianos y sistematizados; es un ser que, sin ser experto o sentirse “iluminado”, va encauzando su existencia en el fortalecimiento de su espíritu y su cuerpo para, de ser necesario, lanzarse a la lucha. Entiendo por «lucha» no sólo una rebelión armada, sino a la emancipación que puede ir del pensamiento a las armas y de la casa y la familia a las multitudes; entiendo como «lucha» a la búsqueda misma.
El intercambio de ideas, el flujo de información de que tanto hemos tratado en este espacio, no puede lograrse simplemente al interior del mismo círculo de personas con quienes de entrada se está de acuerdo en todo. Ese círculo se comportará y pensará como un sistema cerrado y, por lo tanto, cualquier intento de comunicación estará reducido en el mejor de los casos a un monólogo de limitados alcances. Es por eso que es necesario salir del sitio de confort; esto es: no se habla de revolución o estrategias con los mismos de siempre, se busca otros puntos de vista, se dialoga, se escucha y reflexiona mucho, se define en comité, en familia, en agrupación, una línea de acción; sin dejar, al mismo tiempo, de intercambiar ideas con otros grupos u otras ideologías impresas.
Hay una gran cantidad de entidades y agrupaciones que, en nuestro México, buscan incansablemente el cambio que tanto necesitamos; no obstante, yendo en la misma dirección, se ponen en muchas ocasiones a pelar entre sí; ello provoca la ruptura y separación a muerte entre los individuos que, persiguiendo el mismo fin, han elegido caminos e ismos diferentes. La presión del sistema sigue entre tanto aplastado a las mayorías, dejando a unos pocos el poder total sobre los recursos y la fuerza de trabajo del resto de los individuos. Es importante en este tenor comprender que cualquiera que busque la utopía, la mejora en las condiciones de vida de todos los mexicanos, el reinado de la justicia sobre la opresión, la igualdad de oportunidades y la realización de cada ser humano, cualquiera que busque lo mismo que busco yo es un aliado y un amigo, sin importar que aquél sea anarquista y yo trotskista, que aquél sea católico y yo ateo, que aquél tenga auto y yo no.
 El separatismo es un arma que las clases opresoras han utilizado siempre para desmovilizar a las masas. El poder de la sociedad radica en la unión de sus diferentes fuerzas; se lucha codo con codo, a lado de otros compañeros revolucionarios, pero ante todo se lucha con la convicción fiera y la firma esperanza de un mundo mejor. Es de vital importancia comenzar a creer, a preparar nuestras mentes, nuestros cuerpos, nuestros espíritus, de otra manera la revolución que tanto anhelamos estaría condenada al fracaso. Se crítica todo lo criticable, sea de derecha o de izquierda, pues el ser humano tiene su libre albedrío y su capacidad de razonamiento para discernir lo que está bien de lo que está mal. No hay que ser tan fiel a los hombres como a las convicciones. No se traicionan los valores propios por seguir a nadie, Cuando el grupo, el líder, lo han decepcionado, se ha vendido, ha cedido al interés propio y egoísta en detrimento del bien común y la utopía, el verdadero revolucionario buscará por otro lado, cambiará de estrategia, habrá de someterse a la reflexión para comenzar de nuevo pero nunca claudicara, nunca se venderá, nunca renunciará a su búsqueda.
Des Consuelo.  

jueves, 28 de marzo de 2013

Reformas estructurales


He leído recientemente un artículo que data del año 2005 y versa sobre las Reformas estructurales. En tal, Eduardo García Gaspar argumenta que dichas reformas son necesarias para “poner al día a las leyes y a las instituciones para adecuarlas a la situación actual y futura” y, según él, éstas se justifican “debido a la gran diferencia que existe entre las condiciones del pasado, con una economía cerrada, no competitiva, intervenida por el gobierno, corporativista y demás, a las condiciones del presente, con una economía abierta, competitiva, libre, democrática”.  Es claro el sesgo neoliberal de estas primeras afirmaciones y, en principio de cuentas, resulta también visible la discrepancia que tenemos al respecto.
No obstante, viene al caso el artículo mencionado a propósito de las convicciones y argumentos de quienes sí están de acuerdo con este tipo de sistema. Entre ellos muchos quizá tienen muy claro el porqué, pero otros se han dejado llevar, muy posiblemente, por una estrategia sistemática de los medios al servicio de los grandes beneficiados, explotadores de masas y demagogos; estrategia que busca la pasividad crítica del ciudadano trabajador de a pie y que ha permitido hasta ahora que aquellos, los grandes inversionistas neoliberales, se sigan beneficiando a costa del trabajo de otros. Estas reflexiones son para aquellos que no están muy seguros de por qué les parece tan bien el sistema bajo el cual vivimos los mexicanos. Hacemos un ejercicio de reflexión sin especiales dotes de formación, de ciudadano a ciudadano, con temor al error pero dispuestos al diálogo.
Viene al caso, sobre todo, porque se han dejado caer en cascada las reformas exprés en estos primeros poco más de cien días de gobierno de Enrique Peña Nieto y porque lo que a unos parece una luz esperanzadora, que traerá prosperidad y empleos al por mayor, es quizá una oscuridad más densa que se suma a la que se ha ido apropiando de nuestros país desde hace ya tanto. En la medida en que estemos conscientes de los problemas que nos amenazan seremos capaces de organizarnos para crear las soluciones. Y en esta tónica, una economía “abierta, competitiva, libre, democrática” es quizá sólo un mote que se da a un sistema pútrido, cerrado, esclavizador y vertical y que se esconde bajo los preceptos de la libertad y en nombre de ella pervierte la honestidad y corrompe el trabajo, los ideales y las buenas voluntades.
Entre otras cosas, dice el autor que “las leyes laborales de antes encarecen el trabajo, producen desempleo, elevan precios”. Me recuerda esta afirmación a alguien que decía que las reformas del actual gobierno sí que van a traer empleos al país, pues nuestro México será ahora más atractivo para los inversionistas extranjeros. Lo que no consideraba esta persona es en qué radica el atractivo de la nación para que los inversionistas de otros países del primer mundo vengan a “darnos empleo”.  Estas buenas personas hacen negocios, más claro ni el agua, y en la medida que pueden incrementar sus ganancias con menos recursos un país les resulta jugoso y atractivo para invertir en él. Aquí podrán encontrar mano de obra barata y pues, sí, García Gaspar, el articulista, tiene razón, las leyes laborales “encarecen el trabajo”, por ello se busca la flexibilización de estas leyes para abaratarlo. El trabajo reditúa menos al trabajador y eleva las ganancias de un inversionista que puede vender productos caros manufacturados con trabajo barato.  
Des Consuelo.

jueves, 7 de marzo de 2013

De la Gaviota en el DIF


Elba Esther, bastión de impunidad y corrupción está tras las rejas. Hugo Chavez está muerto. Nosotros estamos tratando de entender la realidad, como si la realidad pudiera asirse. La Gaviota, por otra parte, tomó la presidencia nacional del DIF. Causa oprobio contemplar que el evento parecía de Premios TV y novelas. ¡En qué se ha convertido nuestro México! Antes la querida, la vedette quedaba a buen resguardo, mientras la primera dama salía a dar la cara a la patria guardando las “buenas formas”; hoy la vedette es primera dama y, ¡chingue su madre el pueblo y las formas!

Decía que el discurso de la Gaviota no estuvo tan mal, se habló de la familia, del quehacer del gobierno, del papel del DIF en el desarrollo social; la misma demagogia, en fin, de la que se habla siempre. Yo, no obstante, me salgo por la tangente desde que me percato de que a mi hermanita pequeña cuya instrucción es pública, el DIF le entrega diariamente su respectiva colación que contiene una galleta, un sobre de frutas secas y un tetra pack de leche Alpura. Me ha causado siempre una ligera inquietud porque si en nuestro país tenemos productora de leche (CONASUPO), ¿por qué se compra la que abastece a millones de niños?

¡Oh, sí! Olvidaba que en México hay que darle la licitación al compadre de fulano procurador o al padrino de Zutano mandatario. Podríamos, propongo, hacer el protocolo conveniente para cuestionar esto a la señora Gaviota que parece tener muchas ganas de “trabajar” en apoyo de su marido el “presidente de la república”.  A propósito de presidentes, corruptelas, y cómo combatirlas, ¿cómo van sus brigadas? La mía se atrasó por un par de dificultades logísticas, no obstante, les recuerdo que la privatización de PEMEX está a la vuelta de la esquina; nada más hay que ver si queremos combustible más caro y por ende, vida más cara. Lo digo porque la actual no es nada barata.

Muere Chavez y el pueblo venezolano le llora como al que más. Pepe Mujica, el presidente de Uruguay  se suma al dolor venezolano. Nuestro flamante Peña planea asistir a los funerales. Me sigo preguntando si no le dará vergüenza al burrote del presidente mexicano paparse junto al buen Pepe. Es que no es posible que la ignorancia en esplendor, la soberbia, el mal gusto, se anden paseando como si nada al lado de la humildad, la sabiduría, el compromiso y la dignidad. Se los dejo de tarea junto a sus brigadas. La mía ahí la lleva…

Des Consuelo.   

         

jueves, 21 de febrero de 2013

Romper los cercos y acciones concretas


Últimamente me faltan las ideas. Pienso, muy en serio, en el “problema” que representa “seguir” con la vida cuando los días transcurren y parece alejarse cada vez más la posibilidad de un verdadero cambio. Entre todas las actividades que deben realizarse, ¿qué tiempo queda para pensar en política, en bienestar social, en la crítica como un ejercicio de humanización, de búsqueda de justicia? La verdad estoy exhausta, muerta de cansancio, fatigada de tanto indagar sin encontrar; me considero un ser humano no preparado para pensar y reflexionar públicamente. Me considero simplemente un ser humano, así, de a pie; sin demasiadas posibilidades de hacer una diferencia, de encontrar la justicia para mí misma.
¿Qué solución hay entonces?, ¿cuál es la solución para los seres humanos frustrados en sus derechos y abarcados enteramente por sus deberes?, ¿cómo creamos la justicia social? Entre la aprobación exprés de las reformas laboral y educativa, la caída inesperada de un meteorito, la detención del niño verde por conducir en estado de embriaguez y el último partido del América, se queda corta la capacidad del mexicano para no ser apabullado, para poseer la visión suficiente y demandarse a sí mismo una coherencia entre pensamiento y acto; nos quedamos cortos cuando queremos pensar antes de existir.
Sin embargo, puedo algunas veces mirar alrededor para percatarme de que hay una gran cantidad de seres humanos que siguen en la lucha día a día. ¿Con qué objeto?, han de preguntarse muchos ―me lo pregunto yo misma, muchas veces―. Con la finalidad, concluyo, de que no vuelva a pasar, de no volver a repetir la historia de cada seis años. ¿Por qué hacen fraude los que lo hacen?, cuestiona alguna parte de la conciencia. Hacen fraude para mover las leyes y las instituciones a conveniencia de los potentados, de los dueños del capital, de los secuestradores del trabajo humano. Somos, en este sentido, capaces de discernir bajo qué demandas operan los perpetradores del fraude. Somos capaces de prever hasta cierto punto a dónde van; luego, somos también aplastados por la realidad que nos rebasa.
Luego, somos ante todo ciudadanos y hay muchos, ciudadanos también, que dedican sus vidas y sus fuerzas a buscar la justicia, la utopía, el bien común repartido equitativamente. Podemos, por ello, contar con que no estamos solos. La soledad se crea en tanto nosotros mismos formamos barreras impenetrables, en tanto que no concedemos ni cinco minutos al día al ejercicio de la ciudadanía. No en pro de un partido político o de una organización o institución social, sino de nosotros mismos, de los intereses nuestros y de nuestras comunidades.   
¿Qué hago yo que llego tarde a casa, cansada, a enfrentar los problemas diarios de familia, para remediar aquello que ha orquestado un aparato poderosísimo en todos los sentidos?, ¿quién da poder al aparato y qué tengo que ver con eso? Ni siquiera puedo remediar el pensamiento “alineado” y servil de muchas personas que están a mi lado, ni siquiera puedo a ellos explicarles la necesidad que tenemos como pueblo de unirnos para enfrentar los problemas que como sociedad nos aquejan. Medito mucho, leo sobre las grandes revoluciones, sobre los movimientos de 1968, sobre las noticias de cada día; leo cuanto puedo y quedo inerte, sin mucho qué proponer. Mi voz, por otra parte, se diluye entre millones de voces que quisieran decir algo, ser escuchadas.
Todos pertenecemos a algún lado, a algún interés, a algún oficio, y creemos que lo que “yo pienso, hago y digo” es mejor y más importante que lo que dicen los demás. Somos músicos que sólo ven su música, maestros que sólo ven sus clases, poetas que sólo ven sus versos, ingenieros que sólo ven sus proyectos, etcétera. Somos incapaces de volvernos a ver los problemas de todos como un problema en común. Nos hemos dedicado a enemistarnos unos con otros, a pretender que “mis asuntos son míos y los tuyos no me importan”; a pretender que “mi causa sí es legítima y la tuya no es importante y no vale”.  ¿A dónde vamos a llegar con ello?
Estamos a merced de lo que durante años nos ha enseñado un voraz capitalismo por demás engañador; buscando sin encontrar la panacea del que llega más “alto”, del que ha “sobresalido”, del más “listo”. ¿Qué vamos a hacer en los próximos cinco años para evitar un fraude?, ¿qué haremos con nuestro petróleo que tan empecinadamente nos quieren arrebatar? Hay que pensar que mientras los “potentados”, los capitalistas, los “todopoderosos”, actúan sistemática y organizadamente; mientras ellos invierten cada día en la explotación y sobreexplotación del ser humano, del hombre de a pie, nosotros nos dejamos llevar por nuestros propios egos y por la realidad que nos rebasa.
La unión hace la fuerza, mientras nos juntemos más de uno, mientras podamos llegar a acuerdos y concertar acciones concretas, mientras hallemos una dirección precisa: la de la justicia; mientras extendamos redes que rebasen en tamaño y voluntad a cualquier poder egoísta, mientras luchemos por las causas justas asumiéndolas como personales, como directamente de nuestra competencia, habrá esperanza. Hay que prepararnos mientras luchamos. No podemos permitir que nos sigan arrebatando derechos laborales y sociales, garantías individuales, recursos nacionales. Es preciso concertar y ejecutar acciones concretas, organizarnos como pueblo y aprender a convivir con el otro, porque el otro es tan entero, tan ciudadano y humano como yo. Como entes sociales nos afecta el bienestar de los otros, es preciso romper los cercos de aislamiento, los monólogos, los silencios.
Des Consuelo.

jueves, 7 de febrero de 2013

Terrorismo de Estado


Le comparto este video, querido lector, usted juzgue si en efecto se trata de gases o es un terrorismo de Estado descarado y frío  para dar a la privatización de PEMEX la fuerza de una "causa mayor".

Des Consuelo.

jueves, 31 de enero de 2013

Argumentos legaloides


El día de ayer la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) negó formalmente el amparo al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), por medio del cual, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) hubiera quedado obligada a fungir como patrón sustituto de los 16 mil 599 trabajadores que quedaron sin empleo y sin dinero tras la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (CLyFC). Lo que los inconformes demandaban es nada menos que TRABAJO. Sí, TRABAJO; lo digo por aquellos que todavía se atreven a descalificarlos como “revoltosos y güevones”.
Del mismo modo, y como homenaje a la total ignominia, tras la declaración de la Unidad de Fiscalización de los Partidos Políticos del IFE; quiero decir, aquella en que afirma —previo “análisis”— que mientras la Coalición Compromiso por México, cuyo aspirante presidencial fue Enrique Peña Nieto, gastó $241, 815, 461. 39; el Movimiento Progresista, cuyo candidato fue Andrés Manuel López Obrador, gastó $370, 543, 083. 36; lo que, según la entidad señalada, significa que el único candidato que rebasó los topes en gastos de campaña fue Obrador.
¿Con qué argucias y argumentos se sostienen una y otra infamia? Se trata de la libre interpretación que los encargados de la “justicia” hacen con las “leyes” y, no menos, de la ambigüedad de las mismas. Así pasa con todo; los derechos humanos están al servicio de los grandes magnates del narcotráfico, de los presos incómodos de cuya liberación dependerían ciertas posibilidades de negociar ciertas cosas —piénsese, por ejemplo, en la recién liberada Cassez—. A los indígenas, los pobres, los periodistas verdaderamente comprometidos, los luchadores sociales, los estudiantes y trabajadores indignados, no se les aplican igual esos “derechos humanos”, como si los humanos fueran esos pocos que tienen la posibilidad de comprar sus garantías individuales, y como si los otros, los de a pie, no fueran humanas personas.
Anatole France decía que “la justicia de un hombre es injusticia para otro”. ¡Cuánta razón tenía!  ¿Qué hubiera pasado si el favorito de la narco-televisora hubiera sido AMLO?, ¿Qué hubiera pasado si estos ex trabajadores de la CLyFC hubieran tenido unos cuantos millones para comprar a los jueces y magistrados? Ni AMLO gastó de más en su campaña ni la SCJN tiene razón al argumentar que “a pesar de que pertenecía a la Administración Públicas Federal la CLyFC no podrá ser considerara como una subordinada del Poder Ejecutivo, por lo que no puede aplicar la figura del patrón sustituto” ya que, según ellos, los “organismos descentralizados son entes públicos con personalidad jurídica propia y aunque forman parte de la Administración Pública Federal no significa que el Poder Ejecutivo sea su patrón”. ¡Abrase oído semejante estupidez! Si lo dicho fuera verdad, ¿quién era el patrón de la CLyFC?, ¿a qué instancia acudir?, ¿quién despidió legalmente a los trabajadores?
Las pocas entrañas quedan a la vista cuando se piensa en que lo que se pide es un TRABAJO que ha sido arrebatado, un sustento que alimenta a familias enteras: mujeres, hombres, ancianos y niños. No tiene razón el que niega al hombre la dignidad del sustento. No existe el estado de derecho cuando se viola el derecho a al alimento, a la vida, a la dignidad. ¿A quién se juzga duro?, ¿a quiénes se criminaliza?, ¿bajo cuáles argumentos?, ¿quién imparte la justicia?, ¿a quiénes protegen las leyes?, ¿de qué se espera que vivan estas personas en adelante?
Un sistema pútrido y corrupto se ríe de nosotros los ciudadanos cuando cree que no recordamos que AMLO viajaba en una camioneta durante su campaña mientras Peña lo hacía en aviones privados de lujo; unos vendidos y bandidos jueces se carcajean cínicamente cuando son capaces de desentenderse de 16 mil 599 trabajadores y sus familias. Compra la justicia quien tiene con qué hacerlo, lo demás son argumentos legaloides, manipulación mediática, conveniente indiferencia.
Des Consuelo.

jueves, 17 de enero de 2013

Viejos conocidos


No es de extrañar que muchos de los nombramientos para altos cargos públicos, desde antes de la toma de posesión del hoy impuesto presidente Peña  y hasta la fecha, vayan por la tónica de los viejos conocidos. Los más recientes, en materia cultural, privilegian a ex funcionarios del aún no olvidado salinismo; y digo no olvidado, en el sentido en que aún recordemos el año amargo de 1994, desde el que México ya nunca fue el mismo. ¿Hemos retrocedido 24 años?, se pregunta uno cuando las dirigencias se ven plagadas de herrumbrosos espectros del mal recordado sexenio de Carolos Salinas de Gortari. Se ve en seguida hacia dónde vamos, asoman viejas tácticas y maneras de gobernar. Un personaje siniestro va emergiendo lentamente de las sombras.       

Pero esas son minucias que ya todos sabíamos. Sólo algún incauto pro Peña, alguna mujer de aquellas que gritaban ¡Peña hazme un hijo!, creían, seguramente, en la hermosa república de telenovela vendida por la poderosa narco-televisora. Insisto asiduamente en que no hubo caretas. Peña se asume con orgullo como el autor ¿intelectual? de la represión en Atenco; la de las violaciones, golpizas y quebrantamiento a todas luces de derechos humanos. Peña no sabe dar los títulos de tres libros ni para salir del paso. Peña no sabe cuánto cuestan las tortillas que todos los mexicanos nos llevamos diario a la boca. Peña no está muy seguro de qué murió su esposa. Peña, en fin, da pena.

Lo malo es que nada es nuevo. Éste es el inicio de una tragedia anunciada. Comenzó la era del terror; o más bien, recomenzó. No suelo ser dramática pero me parece que Calderón se quedaba blando frente a un hombre no sólo misógino, asesino y  represor, sino además, sobradamente ignorante. Y vea, usted, señor lector, cómo se las gasta nuestro flamante primer mandatario con su declaración patrimonial: 4 casas, 4 terrenos y 1 departamento; 9 bienes en total, de los cuales —según sus propios datos— compró 2, recibió uno en herencia y seis más le fueron donados por gente caritativa y bienintencionada. Su inmueble más pequeño es el departamento de 211 m2, el más grande un terrenito de 58,657 m2. Hay que ver en qué zonas tiene sus tierritas. Apuesto a que ni las señoras a quienes encantaba el encanto de su cabellera se tragan eso. Se preguntarán muchos, irónicamente, dónde es la fila de los donativos. Pensando, claro, en la cantidad de mexicanos que no cuentan con una vivienda digna de su propiedad; algo así como el 52% de la población mexicana, la que vive en pobreza.

Pero volviendo a los viejos conocidos. No sólo los “nuevos” funcionarios de los altos cargo públicos son ya veteranos; lo son también el modus operandi y el modus vivendi. Es que México, señores, es un país que no ha cambiado, que nunca cambió, que va de mal en peor. Una serie de reformas nos anuncia, temiblemente, que el PRI omnipotente y omnipresente pretende acaparar ahora todas las ventajas, todas las puertas, todos los medios. Piénsese que el sindicalismo agoniza y la ya aprobada reforma laboral maniata a los trabajadores en todos los sentidos.

El trabajador ya no puede darse el lujo de vivir como ser humano; es ya una máquina desechable y mal pagada, una maquina mal alimentada, mal vestida, que no tiene derecho a vivir dignamente, ni a tener una familia, ni al descanso. Es un servidor que no trabaja en horario fijo, va el martes a laborar de 7 de la mañana a 5 de la tarde, el miércoles se queda dos horas más que le pagaran a 7 pesos y el jueves hará turno nocturno para presentarse el viernes en la tarde; es, en fin, un señor, una máquina que no tendrá tiempo de leer el periódico o algún libro, no podrá recrearse de ninguna mera. Ha de llegar embrutecido a cenar cualquier cosa mientras mira la televisión para embrutecerse más y olvidar el dolor que trae en el cuerpo, el sueño atrasado, las esperanzas muertas de una mejor vida, la dignidad olvidada. 

Eso sí, los altos cargos públicos tienen todo el derecho a presentar en su declaración patrimonial sus lujosas residencias en costosas zonas; pueden, sin más explicación, decir que se trata de donaciones, pueden reírse del pobre a carcajadas, decir estupideces en plena tribuna; cosas tales como “IFAI: Instituto de Información y de Acceso a la Opinión Pública de Toda la Información Disponible para la Ciudadanía desde el Gobierno”. Aunque —reflexión aparte— es claro que un órgano que no sirve para pedir que el presidente explique de dónde sacó sus bienes, pues, no ha de servir mucho, y da igual cómo se llame, y da igual si existe o no. ¿Qué nuevas viejas prácticas re traerá este régimen? ¿A cuáles otros viejos conocidos nos encontraremos de nuevo?

Des Consuelo.
                                        

sábado, 12 de enero de 2013

De víctimas y reformas


El nuevo presidente ha asumido el cargo con reformas en mano. Hay una gran crisis en el país y pareciera que la demagogia es la solución a todos nuestros problemas. Antes de la toma de posesión se pasó la reforma laboral de la que muchos trabajadores ni se enteraron. Leí una vez en un estatus de las redes sociales algo así como: “Mis padres pertenecen a una generación que sin hacer ningún esfuerzo gozaron de todas las conquistas y logros que históricamente el pueblo había ganado, luego las han ido perdiendo por apatía e indiferencia y ahora juzgan y condenan a los jóvenes por tratar de defender lo que aún queda”. En realidad sólo he hecho una paráfrasis que quizá no es exacta en todo y sin embargo la reflexión primordial está allí. Siéntase aludida la generación a la que se refería el joven que así reflexiona; esa generación, ciertamente, que hoy goza de los mejores empleos en la burocracia, que en un una o dos décadas se jubilará, y que frunce el seño cuando se le habla —lo mismo da— del #132 o de Tlatelolco. Ah, sí, la generación —por cierto— que se ha escandalizado escuchando la historia de los jóvenes universitarios vándalos sin importarles que sus hijos sean de la rodada.
Lo cierto es que la laboral se aprobó primero propinando un fuerte zarpazo a los jóvenes que llegaron tarde a la repartición de las bases y plazas de la burocracia. Sinceramente me sorprendió la educativa, esperaba primera la iniciativa de la energética; no obstante nos pasaron la educativa. El castigo ya no fue para los alumnos sino para los maestros, responsabilizándolos en todo del rezago del que México ha sido víctima desde hace años, quitándoles sus garantías laborales, reforzando con ello la reforma laboral. Hay que observar que ya desde hace años esto de las “estrategias educativas” ha ido en detrimento de los maestros. El niño se ha vuelto un ente intocable en todos los sentidos. Intocable incluso en su intelecto, tanto que el ir de mal en peor lleva a cuestionar los métodos “revolucionarios” que se copiaron al extranjero. Copias al fin de cuestas. Copias, insisto, sin más mérito que ser exitosas para otros países. Que me digan si los niños mexicanos tienen la misma idiosincrasia que los franceses, ingleses, estadounidenses o zuecos. ¿Por qué entonces habrían de funcionar aquí sus métodos?
La última de las reformas de la demagogia politiquera mexicana es la que dejó pendiente Calderón, la de la llamada “ley de víctimas”. A este respecto han señalado varios personajes —entre ellos la señora de Wallace tan decepcionada de la política mexicana— que se trata de una iniciativa por muchas y variadas deficiencias; una de las que me llamó más la atención es que en caso de que, en efecto, se resarza el daño a la víctima de una manera económica, saldría el dinero contante y sonante de nuestros impuestos. Esto implica, claro está, que en ese caso debería crearse una especie de “fondo de resarcimiento de víctimas del delito”; si aunado a esto agregamos que los trámites para obtener el beneficio son harto engorrosos y que, según las palabras de muchos, re victimizan al solicitante y que, además, podría demandarse el apoyo para “compensar” tanto en asesinato o secuestro como la pérdida de un teléfono celular; pues, si agregamos todos estos factores nos da como resultado una nueva fuente de corrupción. Las verdaderas víctimas quedan fuera de la jugada porque se les puede ir la vida tramitando el apoyo. Otros personajes, en complicidad con la “ley”, estarían en la capacidad de demandar el apoyo fingiéndose víctimas de cualquier cantidad de delitos. Al final el dinero público es el que se paga por los delitos de los criminales. ¿De dónde saldría?, se pregunta usted. Nada más hay que ver las obscenas cantidades de dinero que se incautan cada año a los narcotraficantes y demás delincuentes y de las que nadie da cuenta nunca. Debería además garantizarse que las víctimas lo sean en realidad. Cuántos recursos de distintos programas se van quedando en las manos equivocadas.
Des Consuelo.

jueves, 3 de enero de 2013

Orgías y modelo neoliberal


Hoy quiero compartirles un artículo que escribió hace tiempo Nidya Areli Díaz en su columna dominical La sombrita sobre las orgías y el modelo neoliberal.
Des Consuelo.

Ninguna pócima mejora las manzanas de un árbol que no da frutos. Lo efímero y fútil de la modernidad nos obliga a menudo a pensar en los bienes y placeres inmediatos, poco duraderos pero a la mano. No pensamos más en la vida eterna ni en las atroces llamas del infierno pagano, sino en el aquí y el ahora; Dios nos abandonó hace ya largos años, se dejó morir en el tedio de la guerra y no se le ha visto más, Zaratustra anunció su muerte de tal manera que nos hemos quedado, como niños huérfanos, a la espera de una reprimenda que no llegará. Destruimos lo que hallamos en la medida de nuestras posibilidades, envilecidos por el hechizo del poder de crear el caos. Proscriptos al fin, en una faena baladí pero placentera, colmados por una orgía sin acabo, conducimos nuestros patas de bestias al exilio perpetuo, a la desolación constante, a la soledad…

          Hay que recordar que en su significado, orgía lleva implícito el exceso. Eran comunes en la edad media las orgías de comida y bebida, hartarse hasta la casi muerte, mayor aún y más actual es la recurrencia a la orgia del utilitarismo; nos ataviamos de cosas bellas, cosas al fin, y vaciamos y vendemos el alma en el afán de desbordar la copa. No hay más vida que el hartazgo y la apatía.

          Apatía sentimos por todo lo que no es carnal. La madre Natura se mira a sí misma desolada, putrefacta e incómoda. Los cielos se cierran a los ojos del hombre, opacadas las estrellas por las luces caprichosas de las ciudades frías. La hambruna humana causa apatía; nos disgusta mirarla y volteamos la vista. Nuestra propia realidad nos produce horror y le quitamos los sentidos de encima, seducidos al fin por las baratas de los grandes almacenes.

          ¡Oh, poderoso Dios!, qué no se diga que soy estúpida por contemplar mi propia miseria. Miro el adusto país que me has dado: asesinatos a mansalva, corruptelas descaradas, patrioteros animales tricolores que me acechan, toda una generación de jóvenes desocupados o seducidos por el crimen. Yo miro, omnipotente Yavé, y me mata la locura de los tiempos, del sistema inmoral que es el neoliberalismo. Qué no se diga, hermanos, que vamos por buen camino porque me mata la apatía de esta raza enterrada en el abrazo atroz de la desesperanza.

          Después de un gran engaño, de una gran crisis, de una larga enfermedad, queda uno con el semblante pálido y descompuesto, sin fuerzas ni perspectivas, desesperado en el no saber qué es lo que vendrá. Queda uno sumido en el dolor de los fortísimos golpes, en el desánimo del fraude de que acaba uno de ser víctima; es tan fácil entonces dejarse dominar por las corruptelas de siempre, es tan cómodo entonces bajar la guardia, dejar de luchar y sucumbir, mas ¿qué ha de venir después sino el empeoramiento o la muerte misma?, al cáncer hay que combatirlo sin descanso, las malas semillas se tiran al fuego, la primacía del malvado sólo muere combatiéndola sin descanso.

          Por eso digo que ninguna pócima mejora los inexistentes frutos de una planta estéril. Desde su nacimiento el neoliberalismo estaba podrido, no sirve en una sociedad cuyas primeras exportaciones fueron artículos de limpieza, contra equipo electrónico de cómputo de las grandes potencias. Entregar nuestras esperanzas y certezas a cambio de la bisutería de esta época no nos garantiza una nación mejor para las nuevas generaciones. Nunca estaremos mejor con las opresiones diversas sobre nuestras cabezas, los niños no van a ser genios ni expertos en nada con un sistema educativo mediocre y el estómago vacío, ni los adultos conseguiremos buenos empleos en un sistema de producción en que el ser humano ha quedado desvirtuado y relegado a la servidumbre perpetua. El capitalismo no toma en cuenta las necesidades de las personas, ni tiene interés por las diversas áreas de su vida. Recordemos la pirámide de Maslow: 

          En este sistema neoliberal ni siquiera se cubre correctamente la base porque una vez cubierto lo fisiológico, el hombre en sus naturales inquietudes buscaría ascender al siguiente nivel, cosa impensable para el dueño del capital que lo acapara todo y lo quiere todo para sí, que está por la mano de obra barata sin peligro de emancipación. La gran mayoría de los individuos no tiene el estómago lleno ni descansa lo suficiente, menos aún se siente seguro ni en lo físico ni en lo moral, la corrupción de los valores empobrece los espíritus a grado tal que no hace falta buscar mucho en la red para encontrar declaraciones de niños sicarios que dicen que vale la pena matar por tener “cosas”, vuelvo a la depravación de la orgía utilitarista, supóngase que la brecha económica, mediatizada por los medios de comunicación masiva, le pone al hambriento de muchos días, quizás años, una gran mesa llena de manjares, vinos y frutas frente a sus ojos, y le muestra al infeliz que la única forma de conseguir algo de esa mesa es mediante el crimen, apelando así a sus instintos más básicos y animales. Lo que el pobre no sabe es que nunca podrá acceder a ello, porque un verdadero bienestar debe cubrir también lo espiritual, y en la actual soledad del ser humano no puede acceder a la punta de la pirámide, deja el alma en el camino, se prostituye para satisfacer sus necesidades básicas, no se conforma con tomar lo necesario de la gran mesa que pone ante sus ojos el sistema, sino que intenta tomar lo más que se pueda, endeudándose, pasando por encima de sus propios hermanos, olvidándose de que es humano.

          Es necesario cambiar de raíz esta podredumbre, acabar de raíz con un sistema que no funciona; Europa está en crisis gracias a él, y nuestros países pobres se desmoronan. No es suficiente declararse rebeldes, sumidos en la apatía del voto nulo, de voltear la vista ante los problemas que nos aquejan, hay que proponer y tomar decisiones inteligentes. Hay que recurrir al raciocinio, recuperar la dignidad del ser humano y rescatar al Dios que Zaratustra proclamó muerto en los embates de la guerra, hay que abanderar nuestra causa con la libertad de pensamiento que a nadie se mina. Se elige ser libre o condenarse a la oscuridad perpetuamente, sin esperanza y en soledad plena.

Nidya Areli Díaz.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Reforma educativa III


Imperativo de calidad.
Con respecto al subtítulo de la Reforma educativa, el DRAE define “calidad” en su segunda acepción como sinónimo de: “Buena calidad, superioridad o excelencia”. La primera definición va más bien en relación a las características del objeto juzgado; esto es: “Propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor”. Éste último, el valor, está dado en función del “Grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite”. ¿A qué se refiere, pues, el presidente impuesto con «el imperativo de la calidad» en materia educativa? A este cuestionamiento trataremos de contestar en esta tercera parte del análisis de la ya aprobada reforma educativa. No obstante, hemos de comparar el discurso con los hechos y la realidad; esto es, el valor real de las medidas que prevé en esta sección tal documento, con lo que en la superficie presume el ya intuido doble discurso.
La “calidad”, dice, se da en la medida en que “los educandos adquieren conocimientos, asumen actitudes y desarrollan habilidades y destrezas con respecto a los fines y principios establecidos en la ley fundamental”. Luego; según los fines que persigue la educación mexicana, y los resultados obtenidos[i], esta educación carece de valor y de calidad. La palabra “imperativo”, por otra parte, habla de una urgencia “deber o exigencia inexcusable”. Y, lo que urge lo hace en función de su carencia. No hay calidad en la educación, reitero, de allí “el imperativo de la calidad”.
Existe la calidad, remata el párrafo, “en la medida en que las niñas y los niños tengan una alimentación suficiente, conforme a los estándares internacionales de nutrición sana, y garantía de acceso a la salud; e igualmente se cuente con los nuevos instrumentos del desarrollo científico y tecnológico para su salud”. Sobra decir que en un país de cien millones de habitantes cuya pobreza padecen 52 millones; imperativo es, no sólo para la educación sino para la supervivencia, poner el dedo y la atención en el tema de la alimentación. Muy de acuerdo estamos con la exigencia de “la calidad en la educación” en la medida en que las niñas y los niños sean bien alimentados.
Ahora bien, son los “poderes públicos, órganos de gobierno, autoridades, instituciones, maestros, organizaciones gremiales, expertos, padres de familia y la sociedad en su conjunto” los “actores de los procesos educativos”. Faltaron, creo yo, los principales actores; es decir, los educandos, pero no importa. Dice nuestro presidente impuesto que los esfuerzos deben repartirse entre todos los actores; nuevamente le damos la razón, creemos que es menester que toda la sociedad se involucre para proporcionar a nuestros niños esa “imperativa calidad educativa” que ahora carecen.
“No son susceptibles de ser disminuidos los principios[ii], los fines[iii], la calidad, ni las aspiraciones de la nación”, dice. Y nosotros nos preguntamos si acaso es posible disminuir una calidad que no existe. “Las aspiraciones de la nación” no deben disminuirse bajo ninguna situación, afirma el mandatario; y nuevamente estamos de acuerdo.
Se lee en seguida: “a lo largo de la historia los mexicanos hemos adquirido conciencia y hemos podido apreciar el valor que la educación representa para la satisfacción de los anhelos de justicia y desarrollo”. Como hallando el hilo negro, el iluminado presidente —que no supo mencionar tres libros— afirma tal cosa. Si hubiera justicia, pienso, ese hombre no estaría allí sino tras las rejas. Si en México se tomara en cuenta el anhelado desarrollo, afirmo, otras serían las políticas no sólo educativas, sino en todos los rubros del gobierno y de la sociedad. La educación, en efecto, es el camino, la verdadera y única solución[iv], la alternativa para salir adelante. Otra vez estamos de acuerdo con el presidente impuesto; estamos de acuerdo en que la historia nos enseña, nos insta, a construir nuestro propio desarrollo con base en el conocimiento, en la educación.
Habla el documento de que “el cumplimiento de las obligaciones del Estado, exige que el sistema educativo se encuentre en condiciones de proporcionar una educación” que cumpla con los objetivos que marca la Carta Magna; afirma que deben hacerse “modificaciones al orden jurídico” y acuerdos entre los poderes de los diferentes niveles de gobierno, así como el “establecimiento de nuevos métodos”. Da gusto leer tanta iniciativa y no puedo dejar de preguntarme ¿cuál será la instancia encargada del programa de investigación en materia de pedagogía y tecnologías educativas?, ¿será que al fin podremos gozar un método diseñado especialmente para nuestros niños; es decir, con nuestras condiciones económicas y sociales?, ¿cuál habrá sido el presupuesto asignado para la creación e implementación de estos nuevos métodos? Me pongo optimista porque sé que en México no faltan ni instancias ni talentos capaces de llevar a cabo la tarea con un poco de empuje y las herramientas adecuadas. Pienso que, en efecto, se está considerando seriamente a la educación como herramienta efectiva de desarrollo.
No obstante el discurso da un repentino giro. Estábamos en el asunto del “establecimiento de nuevos métodos”, de que ni los fines, ni los principios, ni las aspiraciones de nuestra Nación, son susceptibles de disminuirse bajo ninguna causa. Estábamos en que la historia nos ha mostrado el valor de la educación para el alcance de nuestros “anhelos de justicia y desarrollo”; y todo esto para rematar en que “la evaluación educativa […] ha contribuido a un mejor conocimiento de nuestro sistema educativo y ha proporcionado nuevos elementos que permiten entender con mayor claridad” lo que debe hacerse. ¡Ja!, me digo, ¿no se supone que de antemano sabemos cuál es la situación de la educación en México?, ¿no se supone que lo que procede al detectar que el paciente está enfermo de una cosa específica es establecer el tratamiento, y no reevaluarlo? Piénsese que además, puede ser cuestión de vida o muerte comenzar el tratamiento cuanto antes. ¿A qué vienen, entonces, nuevas evaluaciones?, ¿de qué se trata esta nueva treta?, ¿qué hay detrás de lo que parece absurdo?, ¿en qué se sustenta que está “evaluación educativa” ha contribuido a saber qué es lo que necesitamos?, pienso que si tal fuera el caso, estás “contribuciones” deberían ser utilizadas cuanto antes en la determinación del tratamiento, en la creación e implementación de esos “nuevos métodos” que sólo quedaron en el discurso muerto, en la demagogia.  
Des Consuelo.


[i] Ver http://memoriayfraude.blogspot.mx/2012/12/reforma-educativa-i.html
[ii] Ver http://memoriayfraude.blogspot.mx/2012/12/reforma-educativa-i.html
[iii] Ver http://memoriayfraude.blogspot.mx/2012/12/reforma-educativa-i.html
[iv] Ver http://memoriayfraude.blogspot.mx/2012/12/la-educacion-como-unica-y-verdadera-arma.html

jueves, 20 de diciembre de 2012

Reforma educativa II


Con el fragmento antes analizado inicia Enrique Peña Nieto su propuesta de reforma educativa. Todo esto, dice, debe realizarse:
[…] en el marco de los principios enunciados por el propio mandato: el laicismo, el progreso científico, la democracia, el nacionalismo, la mejor convivencia, el aprecio y respeto por la diversidad cultural, por la igualdad de la persona y por la integridad de la familia […]  
Temo, sin embargo, que ostenta una doble moral quien evidentemente no se rige por los principios que, por un lado, se pone a predicar y, por el otro, denigra a grado de pura y llana demagogia. Es mucho lo que en el campo del “progreso científico” se halla a la intemperie; con equipos caducos en muchas instancias universitarias; con impedimentos miles para quienes desean estudiar carreras universitarias; con una reducción de presupuesto cada año al rubro de la educación.
Y, ¿quién habla de “democracia”?, ¿aquél que está llegando de un fraude electoral?, ¿aquel cuyo gobierno e imposición enarbolan la muerte de la democracia? En fin, que el “nacionalismo” no será su fuerte. Según el diccionario de la RAE, el “nacionalismo” es el “Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece”. Poco apego debe tener la nación que regala sus recursos a las empresas extranjeras, que es incapaz de defender la tierra salvo honrosas excepciones, que tan poco conoce su riqueza cultural. No culpo de ello al individuo de a pie —que, no obstante, una buena parte de culpa debe tener— sino, sobre todo, a aquellos que en se han encargado de formarlo, de educarlo en la indiferencia y el desapego.
Ah, sí; hablábamos de que una “buena convivencia” no puede establecerse en el marco de una sociedad tan grandemente disímil. Véase que la desigualdad social y la falta de oportunidades generan choques y confrontaciones entre los miembros de una comunidad. No se trata de “proles” que “sólo critican a quienes envidian”, por citar a la ya “célebre” Paulina Peña; sino de personas que tienen, igual que otras, el derecho a vivir dignamente; a comer todos los días, a salir a buscarse la vida en un trabajo que les satisfaga y los haga felices.
Insisto, por otra parte, en que nuestro país se encuentra, de norte a sur, tapizado de pequeñas poblaciones indígenas que han sido abandonadas por sus habitantes y que, a falta de oportunidades, ha debido emigrar a otros países en busca de lo más elemental: comida. De las 89 lenguas indígenas que se registran en México; son 19 las que se encuentran en números rojos; esto es, en franca extinción. Habrá que preguntarle a un lingüista lo que la pérdida de una lengua significa en los diversos ámbitos de la historia de una sociedad. Las tradiciones, las cosmovisiones, los mismos caracteres genéticos, se pierden con las poblaciones indígenas. Se trata de un exterminio sistemático y terrible que asola a nuestra patria desde hace no poco tiempo; repito: en el marco de una formación social, una educación indiferente y desapegada, con nulo “aprecio o respeto por la diversidad cultural”.
“La integridad familiar” no puede, asimismo, respetarse en una sociedad en que los padres deben abandonar a sus hijos, trabajar de sol a sol, para poder cubrir sus necesidades básicas, en donde se valúa el trabajo en 7 pesos la hora. No es posible hablar de “igualdad” en un país donde hay niños que deben trabajar como recolectores de materiales reciclables en los basureros para contribuir con el gasto familiar y, niños también, cuyos zapatos se compran en el extranjero en alrededor de 15, 000 pesos o más —véase otra vez el caso de la ya “célebre” Paulina Peña—.
Termina nuestro presidente impuesto la introducción de su propuesta de reforma educativa con que “la justicia social demanda: una educación inclusiva que conjugue satisfactoriamente la equidad con la calidad en la búsqueda de una mayor igualdad de oportunidades para todos los mexicanos”. Leo esto y me siento francamente burlada.
Es evidente que la “justicia social” reclama eso y más; reclama, en primer lugar, verdadera democracia; reclama igualdad de oportunidades reales, no demagogia; reclama que no se vean más niños limpiando parabrisas bajo el rayo del sol; reclama que la hija del presidente no se autoproclame “princesa” como una provocación descarada a la pobreza que nos asola y una gran falta de respeto a nuestra historia. Reclama que, en efecto, la educación pueda brindarnos las herramientas que requerimos los seres humanos para desarrollarnos individualmente y ser, al mismo tiempo, útiles a la sociedad. La justicia social reclama, antes que todo, el respeto a los derechos humanos y las garantías individuales.
Habla de justicia social quien se impone mediante la violencia. Habla de justicia social quien representa un régimen de la desigualdad, quien es apadrinado por la cara siniestra de la devaluación, la extorción y el fraude. Habla de nacionalismo quien comenzó su mandato rematando PEMEX, quien es sospechoso de asesinar a su esposa, quien salió huyendo de una universidad porque no era bienvenido, quien de hecho no es bienvenido en ningún rincón de México. Habla de justicia, de convivencia social, quien se asume como responsable de las violaciones y las golpizas, los asesinatos cometidos en San Salvador Atenco. Habla de justicia social el “presidente de telenovela”, el que impuso mediante una sucia y millonaria campaña una televisora involucrada con el narcotráfico; el que deja la gubernatura del Estado de México con una cifra de feminicidios que supera la de Ciudad Juárez y en manos de cinco carteles de droga; el que deja, pues, el estado más violento de México.
Des Consuelo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Reforma educativa I


Entre los fines principales de la educación en México, se encuentra textualmente: “desarrollar armónicamente las facultades del ser humano, fomentar el amor a la patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional en la independencia y la justicia”. Hay quien, con el seño fruncido y aires de “nacionalismo”, se ufanaría y enorgullecería de esto que en la práctica es letra muerta. Por supuesto, la misma persona se encontraría en seguida escandalizada al leer la última aseveración. Son personas cuyas facultades, en efecto, están “armónicamente desarrolladas”; desarrolladas, quiero decir, para su propia supervivencia. Nótese el superlativo “super” que convierte el acto de vivir en una facultad extraordinaria. Personas, decía, cuyas facultades van encausadas a la supervivencia egoísta, egocéntrica, ególatra; y que confunden a menudo la armonía con el confort propio.   
¿Amor a la patria?, pero ¿qué es la patria?, ¿qué es el amor? Invariablemente no es la patria un puñado de tierra que colinda al norte con la Unión Americana y al sur con Guatemala. No es la patria un conjunto de símbolos que por sí solos, por más que así quiera verse, no dicen nada ni poseen significado alguno. Me detengo en la naturaleza del símbolo para afirmar que detrás del emblema, del ícono, de la imagen, del significante, debe haber algo más; esto es, un fondo, un contenido, un significado. Hago esta última mención porque muchos piensan que la bandera por sí sola es la patria, o el escudo con su águila y su víbora. Lamento desilusionar a estos incautos, pero me temo que han errado. La patria no es ni la bandera ni el escudo ni el Hemiciclo a Juárez. Habría que ver que, en el contexto en que el país se ve últimamente minado; ultrajados los símbolos en su fondo, en su significado; esto es, en su sociedad, en su gente, en sus riquezas naturales, en sus riquezas culturales, etcétera, la mancilla del símbolo patrio no representa más que, simbólicamente hablando, la mancilla de lo que hay detrás de la piedra, la tela y los colores.
Me regreso por si alguien no entendió. Quiero decir que la sociedad mexicana está siendo agraviada, desde hace tiempo, por diversos factores. Entre la gente impera la pobreza, la muerte, la violencia, la falta de oportunidades y de seguridad; la riqueza cultural peligra conforme van desapareciendo no sólo las lenguas autóctonas o las tradiciones, sino los pueblos mismos sumidos en la desgracia. Enumeraría más agravios pero creo que es suficiente; no es de extrañarnos por lo tanto que aparezca la bandera con el águila balaceada. Cuestión de simbolismo nada más.
Decía que la patria es este conjunto de caracteres, riquezas y afinidades que unen a un grupo humano. Cierto que la solidaridad debería imperar entre los miembros del grupo por el hecho de que somos seres sociales por naturaleza y de que como individuos quedamos muy indefensos en soledad, sin posibilidad de sobrevivir. Ahora bien, el amor es un sentimiento de apego e íntima identificación con algo. No quiero ahondar en la lírica, la filosofía ni la psicología del sentimiento porque ya es demasiado. El amor, pues, por la patria es el apego y la íntima identificación por la gente, las riquezas culturales, las riquezas naturales, la sociedad con todos los rasgos que la conforman, etcétera, de ese grupo de personas con las que se comparten toda una serie de caracteres. Me regreso entonces: ¿amor por la patria?, ¿cuál? Porque para desgracia nuestra, el amor del neoliberalismo, del capital, va sólo encausado al amor propio y a la satisfacción propia. Engañosa satisfacción propia. ¿De quién será la riqueza que produzcas, fruto de tu trabajo? ¿La satisfacción será entonces en pro de qué? Por otra parte, no hay amor por la patria en quien se indigna profundamente por ver el águila balaceada y no siente escalofrío con la cifra de 100, 000 muertos en un sexenio. ¿Cuál amor?
Des Consuelo. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

El miedo no anda en burro, anda en Peña


Se aproxima el día de la consumación del fraude. Enrique Peña Nieto tomará posesión del cargo de Presidente de la República el próximo 1º de diciembre. Estamos a horas de la ignominia. No dejo de preguntarme cómo llegará este inquilino de Los Pinos; es decir, ¿con qué aires de cínico dictador? Después de todo, asume plenamente y en público la barbarie de Atenco. Ignorancia es violencia y este personaje peca de ignaro. Para no desentonar con los acuerdos previos y, en apoyo al payaso con copete de pájaro loco, el saliente Felipe Calderón se avienta la puntada de promover una iniciativa para cambiarle el nombre al país. Así, nada más, de puros tanates. No sé ustedes, pero a mí me huele a babosada tipo chupacabras u ovnis sobrevolando el Popo, todo para desviar la mirada mientras el Gavioto se pone la banda; una que, dicho sea de paso, le queda grandísima.
Un aparato gigantesco de seguridad se ha venido desplegando desde hace ya varios días; cercada media ciudad, es claro el temor que suscita en el nuevo usurpador, un posible y muy merecido ataque por parte de la ciudadanía. Si el miedo no anda en burro, dicen, pero lleva el copete muy parado y engominado. Estaciones del metro y metrobús cerradas y San Lázaro todo rodeado de una gigantesca valla que, el sábado que viene, impedirá a la prole toda tentativa de mirar a su próximo Primer Mandatario, pero que, por si acaso, ya impide la libre circulación de automóviles y peatones. Ante ello no faltará el recalcitrante priista que ya dijo —obviamente no en persona, sino simbólicamente — a Peña: “Si yo voté por ti, ¿por qué me cierras el metro?”.  
Lo cierto es que, mientras en otros países el día de la toma de protesta es fiesta nacional, en México estamos de luto. “La cerca es pa’ encerrar al burro” he escuchado en algún lado; lo irónico es que el borrico no es uno cualquiera, sino el que pretende consumar la malbaratada venta de la patria, de nuestro bien común, del trabajo humano. Lo bueno para el entrante es que, diabólicamente paternal, el saliente ya deja hecha la mitad del ultraje con una reforma laboral que —nunca nos cansaremos de decirlo— es una canallada, una infamia, una bestialidad para el pueblo. Al nuevo tirano le quedará por tanto —si es que usted, señor lector, y yo estamos dispuestos a permitirlo— la reforma energética para empezar.      
AMLO, para no ensombrecer, quizá por prudencia, quizá por cansancio moral y mental, convoca una marcha de protesta pero eso sí, bien lejitos del escenario de la ignominia, en el Ángel de la Independencia. Parece decir con ello: “Estamos contra la imposición  pero no queremos altercados”. Sobra afirmar que a muchos ciudadanos no les importan los catorrazos mientras se luche por la justicia equitativa y la justa distribución del bien común: “Si hay imposición habrá revolución”, reza una de las consignas de las marchas. ¿Será?
Des Consuelo.